sábado, 9 de julio de 2016

LOS CUATRO ELEMENTOS por OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV



¿Habéis notado que, de entre los cuatro elementos, la tierra es la única que tiene como característica la inmovilidad? Los otros elementos, el agua, el aire, el fuego, se mueven, se desplazan. Sólo la tierra permanece inmóvil, e incluso puede decirse que es la materia sobre la cual se encarnizan los otros tres con el fin de darle forma, de modelarla. Especialmente el fuego.

Pero este fuego del que hablo, y que actúa sobre la tierra. No es evidentemente el fuego que solemos encender. Es el fuego del sol, y él es el origen de todos los otros movimientos. Sí, todos los cambios que ocurren sobre la tierra son producidos por el sol. Sin el sol, el aire no se desplazaría. El agua permanecería estancada y la tierra informe. Es el elemento fuego el que desencadena el movimiento.

Por analogía, puede decirse que es el espíritu quien origina los movimientos que se producen en la materia. La materia es inerte, informe, recibe la vida y el movimiento del espíritu. Esto es lo que expresa Moisés en el comienzo del Génesis: “y la tierra estaba informe y vacía, y el Espíritu de Dios se movía por encima de las aguas. Una vez que se ha comprendido esta verdad, se comprende que son siempre las ideas las que dirigen y moldean el mundo, la sociedad, los individuos.

Por consiguiente, el que quiere tener poderes sobre mismo, debe dar a su espíritu más libertad para expresarse y actuar sobre su propia materia. Lo que está arriba debe dirigir y dominar lo que está abajo. Todo viene de arriba y se refleja abajo. La imagen de la acción del sol sobre la tierra es la que mejor expresa esta idea. La vida y la muerte sobre la tierra son producidas por el simple efecto de los rayos del sol y de su calor. De igual forma, nuestra vida física, nuestro cuerpo físico, “están determinados por el movimiento de nuestro espíritu.”

Pero -y este es también un punto esencial- habréis sin duda observado que el sol no actúa directamente sobre la tierra. Actúa por medio del aire y del agua. Del mismo modo, el espíritu necesita intermediarios para alcanzar el cuerpo físico. Según el esquema que se elija para explicar la estructura del hombre, si se adopta el esquema de los tres planos, se dirá que la acción del espíritu sobre el cuerpo físico se hace a través del alma, es decir el intelecto y el corazón; o bien, si se adopta el esquema de los seis cuerpos, se dirá que la acción del cuerpo átmico (el espíritu) sobre el cuerpo físico, tiene como intermediarios los cuerpos búdico, causal, mental, astral.

Pero también hay la posibilidad de considerar que existe otro intermediario entre el espíritu y el cuerpo físico: es el sistema simpático, y en particular el plexo solar. En la medida en que el cerebro está unido al sistema simpático, si por medio del plexo solar el hombre llega a hacer el vínculo entre su conciencia y su subconsciencia, puede llegar a actuar sobre el cuerpo físico. Pero, preguntaréis, « ¿cómo actuar sobre el plexo solar?» A través del cuerpo astral, con el sentimiento. El pensamiento (el aire) actúa sobre el sentimiento (el agua) y es el sentimiento el que actúa sobre el plexo solar, ese gran depósito de todas las energías vitales.

Hay que comprender bien esta realidad de la jerarquía entre los elementos, del fuego a la tierra. Quien no respete esta jerarquización, nunca llegará a dominarse ni a poner orden en mismo. Están siempre a merced de los acontecimientos, de las condiciones materiales. Al ignorar que existen otros factores mucho más poderosos que los del plano físico, y con los cuales debe trabajar, permanecerá adherido a la tierra, no podrá elevarse para actuar con esos factores y dominar la situación. Sólo el que ha comprendido el sentido de los cuatro elementos y de su jerarquía camina hacia el triunfo, hacia la realización de su ideal sublime: se vuelve dueño de mismo y de sus pasiones.

Diréis: “¡Pero esto lo he comprendido hace mucho tiempo!” No, si lo hubieseis comprendido, seríais un verdadero escultor, un pintor, un mago. Sabríais que. Puesto que el sol es la causa primera, debéis ocuparos del sol, es decir de vuestro espíritu. Él es el que orientará los vientos, las corrientes aéreas: vuestros pensamientos. Esas corrientes se dirigirán hacia las regiones donde haya agua: lagos, estanques, ríos, mares, es decir hacia el 3 mundo del sentimiento, de las emociones. Y los pondrá en movimiento. Y vuestros sentimientos esculpirán vuestro cuerpo, vuestro rostro. Pues así como el agua posee grandes poderes sobre la tierra, el sentimiento tiene el poder de modelar el cuerpo físico, de darle forma.

Abordamos aquí la cuestión de la escultura psíquica. El que quiera esculpirse a mismo y dar a su cuerpo la forma o la salud necesarias, la estabilidad necesaria, la resistencia o la expresividad necesarias, debe conocer esta ley de la preeminencia del espíritu. No es posible darse forma o modelarse de otra manera: sólo se consigue deformarse, destruirse. Y desgraciadamente, esto se ve todos los días: seres que se destruyen, que se deforman cada vez más porque no han estado en una Escuela divina para aprender la verdadera ciencia del espíritu.

La paz y la guerra, la riqueza y la pobreza, la salud y la enfermedad tienen por causa ideas, pensamientos. A pesar de las explicaciones científicas tan profundas que da en su libro “El Capital”, Karl Marx se equivoca cuando dice que es la economía la que condiciona la vida de las sociedades. Detrás de la economía están las ideas. Son las ideas, buenas o malas... o mejor dicho: las opiniones, las que dirigen el mundo, las que desplazan los recursos y los capitales. Pero como las ideas no se ven, se obtienen conclusiones erróneas que demuestran que nunca se ha comprendido el mecanismo secreto de la naturaleza. 

¿Cómo aplicar esta ciencia de los cuatro elementos en la vida cotidiana, en los pensamientos, en los sentimientos? Sólo una Enseñanza iniciática puede enseñároslo. Desde hace años que os explico sin cesar cómo realizar en la vida cotidiana las operaciones cabalísticas, alquímicas, astrológicas, por la forma de alimentarse, de comportarse, de hablar, de amar ...

Si por ejemplo debéis encontraros con alguien para resolver un problema delicado, concentraos primero en el espíritu a fin de que venga a manifestarse, es decir a controlar vuestros pensamientos; los pensamientos a su vez controlarán las emociones, los sentimientos, y entonces los gestos, la voz, las palabras llegarán a ser, también, obedientes, y tomaréis así buenas decisiones. Sí, ante todo el espíritu. Es como una conexión que debéis hacer: situáis a vuestro ser bajo el control del espíritu y, poco a  poco, todo se organiza, todo se ordena, y actuáis de una forma tan armoniosa, tan equilibrada, que obtenéis el éxito. Si no se actúa de esta forma, sucede todo lo contrario ya que al no controlar el espíritu, los pensamientos y los sentimientos, entonces el cuerpo se apodera de la situación, gesticula, pronuncia palabras poco afortunadas: lo estropeáis todo.

Veis que os doy una aplicación para la vida cotidiana de la ciencia que concierne a los cuatro elementos. Para cada cosa, ya sea que comáis, que habléis, antes de comenzar, preocupaos primero de invocar al espíritu, el resto vendrá después.

Cuántas personas vienen a mí para quejarse de la actitud de los demás respecto a ellos: la mujer, los niños, los hermanos, las hermanas, los padres, los suegros, los vecinos, los colegas, el jefe... Según ellos, todos están en contra suyo: no los aman, no los obedecen, no los respetan. Y para explicar esta situación, invocan argumentos realmente muy curiosos. ¿Cuál es la verdadera explicación?.. ¡Hela aquí! Cuando un gran personaje, un rey, debe visitar una ciudad, ¿qué es lo que se ve? Oh, todo un barullo: se anuncia su llegada por todas partes, se organizan preparativos, se limpia, se decora y se eligen a las personas más cualificadas, las más representativas, las más inteligentes para recibirlo. Y cuando el rey llega, la ciudad ha quedado tan transformada que casi no se la reconoce.

Pues bien, si trabajáis sobre vosotros mismos para llegar a ser más grandes, más nobles, más dueños de vosotros mismos, por donde vayáis, por dondequiera que paséis, las personas, las cosas, cambiarán para recibiros. Mientras que si sois hombres ordinarios, nada mejorará para vosotros, al contrario, siempre estaréis expuestos a sufrir disgustos por parte de los demás. Así pues, depende de vosotros. Si desarrolláis cada vez más en vosotros el amor y la luz, vuestro entorno, vuestra mujer, vuestros hijos, vuestros vecinos cambiarán. Diréis: “Pero cómo, ¿van a cambiar?” Evidentemente, hablo del aspecto interior: en vuestra morada y en todos los seres que os rodean, vendrán a instalarse entidades selectas, benéficas para vosotros. Diréis: “Pero es mi mujer. Son mis hijos, ¡no van a cambiar!” Es evidente que su apariencia seguirá siendo la misma, pero en ellos se introducirán entidades nuevas que os ayudarán, os amarán. Y las otras entidades, las que os eran hostiles, pues bien, partirán, serán reemplazadas.

Cuando conseguís dar el primer lugar al espíritu, a la luz, al amor, a la sabiduría, por donde quiera que vayáis, producís efectos benéficos sobre vuestro entorno que comienza entonces a cambiar de actitud hacia vosotros. Naturalmente, ese cambio no se produce en un día, pero ninguno de vuestros esfuerzos será inútil, todos darán siempre resultados. Porqué ningún aspecto de la actividad humana escapa a esta ley de los intermediarios, ni siquiera la vida interior, espiritual, mística.

Tomemos ahora el ejemplo de los adeptos a una religión. Cuando se dice a algunos que su plegaria debe pasar por intermediarios, a través de toda una jerarquía Angélica, no lo aceptan. Quieren relacionarse directamente con Dios. Y además afirman que ellos se dirigen a Dios y Dios les responde. O a veces es a la inversa: ¡Dios les habla y ellos le responden! Son cristianos pero se diría que nunca oyeron hablar de la escalera de Jacob. Esa escalera representa precisamente la jerarquía de las criaturas, desde los grandes Maestros hasta los Serafines. Sobre esa escalera las criaturas suben y bajan, y fuera de esta escalera es imposible subir hasta el Señor. La vida entera está ahí para demostrar la necesidad de una escalera... ¡aunque sea para subir a un techo! Diréis que existen otros medios. Sí, pero los otros medios son siempre equivalentes a una escalera.

Tomemos otro ejemplo: escribís una carta y queréis que llegue directamente hasta el rey. Pues bien, aunque no la enviéis por correo, deberá pasar sin embargo por algunos intermediarios antes de llegarle, por un ministro o un secretario... Esto es la jerarquía. Y en todas partes, sobre la tierra y en el Cielo, existe una jerarquía. Las piedras, las plantas, el organismo humano, las estrellas, los mundos presentan una jerarquía. Y sin embargo, cualquier cristiano que sea cuestionado a este respecto, no os aceptará esta jerarquía pues se imagina que irá directamente a estrechar la mano del Señor: «¿How do you do? ¿How do you do

Es como esa buena mujer que, hace años, venía siempre a contarme sus conversaciones con Jesús: ella era médium por así decirlo, y cada vez que la encontraba, tenía nuevas historias para relatarme. Un día me dijo: “Esta mañana hablé con Dios Padre. - ¿Ah sí, con Dios Padre? - Sí, Jesús estaba ocupado y en su lugar vino el Padre. - ¿Y qué le dijo? - Pues bien, le  pregunté qué es lo que debía comprar en el mercado y me dio algunos consejos. Estas son las ocupaciones del Señor: responder a las buenas mujeres respecto a las legumbres, jabones o escobas. Parece que el Señor es muy gentil, os da respuestas sobre todo lo que le preguntéis...

De cualquier forma, es obligado volver sobre la noción de la jerarquía entre los elementos: fuego, aire, agua y tierra. Observad solamente vuestro globo: los océanos y los mares (el agua) ocupan más espacio que los continentes; la atmosfera (el aire) que lo rodea, ocupa más espacio que el agua y, más allá el éter (el fuego) es aún mucho más vasto. Y mirad el árbol: está hecho con un poco de tierra, algo más de agua, mayor cantidad de aire, pero esencialmente está hecho de luz y de fuego. La prueba, quemad un árbol y veréis: produce llamas en gran cantidad, un poco menos de gas, algo menos aún de vapor de agua, y quedan apenas un puñado de cenizas.

No acabaríamos nunca de estudiar las aplicaciones de esta ley de jerarquización de los elementos, así como de las relaciones que existen entre la tierra, el agua, el aire y el fuego.

El agua sostiene la tierra y la alimenta. El aire sostiene el fuego y lo alimenta. El agua está por encima de la tierra, pero ella es la que es su servidora, su nodriza. Mientras que el aire está por debajo del fuego y él es quien lo alimenta. El aire y el fuego son masculinos. La tierra y el agua son femeninas. Cuando el fuego actúa sobre el aire, aparece una quintaesencia que es el azufre. Cuando el aire actúa sobre el agua aparece otro elemento: el mercurio. Y cuando el agua actúa sobre la tierra, es la sal la que aparece.  Cuando el alquimista sabe cómo trabajar con el mercurio, el azufre y la sal, logra descubrir la piedra filosofal.


http://www.libroesoterico.com/biblioteca/Angeles%20Invocacion/Los%20Angeles%204%20Elementos%20y%20Angeles%20Guardianes.pdf

viernes, 3 de junio de 2016

LA RECETA DE LA FELICIDAD LAS SIETE CLAVES DE LA FELICIDAD Y LA ILUMINACIÓN DEEPAK CHOPRA

PRIMERA CLAVE

Toma conciencia de tu cuerpo


Tu cuerpo y el universo constituyen un mismo campo de energía, información y conciencia. El cuerpo es tu conexión con la computadora cósmica, que organiza simultáneamente una infinidad de sucesos. Al escuchar tu cuerpo y responderle de manera consciente accedes al campo de las posibilidades infinitas, un lugar donde de manera natural se experimentan paz, armonía y alegría.

No más que un templo en el universo [ … ] y es el cuerpo humano.
THOMAS CARLYLE






Tu guía más confiable hacia la felicidad es tu cuerpo. El cuerpo está diseñado para sustentar el alma, y al trabajar juntos generan un estado conocido como felicidad. Si estás indeciso sobre hacer o no algo, pregunta lo siguiente a tu cuerpo: “¿Qué sientes al respecto?” Si responde con una señal de perturbación física o emocional, reconsidera. Si envía una señal de bienestar y entusiasmo, actúa. Mente y cuerpo conforman un mismo campo, y la separación que normalmente hacemos de ambos es artificial. Toda experiencia tiene un componente físico. Si tenemos hambre, la mente y el estómago tienen hambre a la vez. Si vivimos una experiencia espiritual inusitada, nuestras células cardiacas y hepáticas la comparten. Es imposible tener pensamientos, sensaciones o sentimientos sin una respuesta del cuerpo. La primera clave de la felicidad nos dice que al tomar conciencia de nuestro cuerpo nos conectamos con el campo subyacente de las posibilidades infinitas. ¿Por qué nos parece que mente, cuerpo y espíritu están separados, cuando no es así? Por nuestra falta de conciencia. La conciencia tiene enorme poder. Se sintoniza con cada una de nuestras células. Regula las innumerables interacciones del cuerpo. La conciencia es el agente invisible y silencioso que comunica al cuerpo lo que la mente piensa, y al mismo tiempo envía la respuesta del cuerpo para que la mente se sienta apoyada y comprendida. Por ejemplo, al tener la experiencia de ser amado, tu mente comprenderá que eres amado, tus células se nutrirán de ese amor, y tu alma se alegrará de que hayas alcanzado la fuente del amor. Todas las cosas buenas empapan la totalidad de tu ser. Cuando mente, cuerpo y espíritu están en armonía, la consecuencia natural es la felicidad. Por otro lado, la ausencia de armonía se manifiesta en malestar, dolor, depresión, ansiedad y enfermedad en general. La infelicidad es una reacción: indica discordancia en alguna parte del campo, ya sea la mente, el cuerpo o el espíritu. La conciencia se ha desconectado. Es sólo con esta mirada holística que podemos vincular la salud, la totalidad y lo sagrado, pues los tres comparten la misma raíz etimológica (en inglés) así como el mismo estado de armonía o discordancia. Hay un refrán que dice: “Los conflictos están en los tejidos”, y se refiere a que problemas psicológicos como ira, depresión, neurosis, hostilidad y ansiedad generalizada no son exclusivamente emocionales sino que tienen una contraparte cerebral, y mediante el sistema nervioso central, el cerebro comunica a cada célula y tejido del cuerpo que hay un conflicto. La totalidad del campo se estremece ante la más leve punzada de dolor o placer. En otras palabras, el campo es consciente.
Cuando intencionalmente prestamos atención a lo que dice nuestro cuerpo, esta conciencia aumenta de manera drástica. Conciencia no es lo mismo que pensamiento. Una madre es consciente de lo que siente su hijo sin necesidad de pensar “X está molestándolo” o “Z salió mal”. La conciencia es intuitiva. Todo lo que debemos hacer es prestar atención para que la conciencia nos dé acceso a cada rincón del campo infinito. Es como conectarnos a la computadora cósmica, pues cuando el campo organiza la parte más pequeña de la creación, organiza también la totalidad. También ocurre lo contrario. Cuando dejamos de prestar atención, se presentan trastornos en muchos niveles y de manera simultánea. Las vías de información entre la mente y el cuerpo dejan de funcionar adecuadamente. El flujo de energía y nutrimentos necesarios para las células disminuye. Cuando no prestamos atención al cuerpo lo ponemos en un predicamento similar al de un niño desatendido: ¿cómo podríamos esperar un desarrollo normal en un pequeño cuyos padres no le prestan atención, ignoran sus reclamos y les da igual si es feliz o desdichado? Podemos plantear la misma pregunta respecto al cuerpo, y la respuesta será la misma. El cuerpo no detiene su desarrollo hacia los 20 años de edad, etapa que arbitrariamente llamamos madurez. Los cambios continúan, incluso a nivel genético. El cambio nunca es neutral: conduce al crecimiento, al desarrollo y a la evolución, o bien en dirección contraria, hacia la decadencia, el deterioro y el desorden. La diferencia radica en cómo prestamos atención, pues ésta es nuestra conexión con el campo de las posibilidades infinitas. El campo posee ciertas características o atributos que dan sustento a la mente, al cuerpo y al espíritu. Existen tres que contribuyen de manera especial a la felicidad. La primera es la inteligencia. Cuando escuchamos a nuestro cuerpo vislumbramos la mente del universo. Esto supone muchas actividades simultáneas. El cuerpo humano puede pensar, tocar el piano, secretar hormonas, regular la temperatura dérmica, matar gérmenes, desechar toxinas y gestar un bebé, todo al mismo tiempo. Es un alarde milagroso de inteligencia. Esta inteligencia también nos permite tomar decisiones en favor de nuestra realización. La realización es un concepto misterioso para muchas personas, pero podemos descomponerlo en sus partes más simples. La realización es el resultado de pensamientos correctos, sentimientos correctos y acciones correctas. Cada uno de éstos se encuentra vinculado al cuerpo. No podemos concebir límites artificiales entre la célula hepática que toma una decisión correcta y la mente que toma una decisión correcta. La inteligencia abarca ambas. Si comete un error en el ámbito químico o genético, la célula muere o se vuelve maligna. La mente distingue el bien y el mal en un nivel distinto: el de la ética y la moral. Las emociones tienen un nivel propio y distinguen los sentimientos que nutren y aquellos que son tóxicos, las relaciones amorosas así como las dañinas. Cuando tenemos conciencia del cuerpo y de lo que nos dice, la calidad de la inteligencia se magnifica. Su alcance es infinito. Al tiempo que lleva a cabo incontables procesos físicos, el cuerpo humano sigue el movimiento de estrellas y planetas, pues los ritmos biológicos no son sino la sinfonía del universo entero. Por eso lo llamamos universo: “un verso”, “una canción”.

El segundo atributo del campo es la creatividad. Hace que el flujo de la vida sea siempre fresco y nuevo, combate la inercia, disipa el hábito. Casi siempre, el cuerpo parece estancado en la rutina: las respiraciones se suceden siempre iguales; cada latido del corazón es igual al anterior. Para procesar los alimentos y el aire, el cuerpo debe repetir incesantemente y con gran exactitud los mismos procesos químicos. No hay lugar para la improvisación. Sin embargo, tiene también una milagrosa flexibilidad que le permite adaptarse a situaciones inéditas. Cuando decidimos hacer algo nuevo —tener un bebé, correr un maratón o escalar una montaña—, miles de millones de células se adaptan a esa intención. Esta flexibilidad no es mecánica; no es como cuando pisas el acelerador y tu auto avanza más rápido. El cuerpo se adapta de manera creativa. Esto puede observarse en la creatividad con que pensamos y hablamos. No hace falta que dos pensamientos sean idénticos; dos oraciones no necesitan tener exactamente las mismas palabras. El cerebro despliega una pauta de actividad neurológica para ajustarse a cualquier pensamiento u oración, incluso si dicho pensamiento u oración no había aparecido nunca en la historia del universo.
 La antigua tradición védica de la India equiparaba la creatividad con Ananda, dicha. Comúnmente entendemos esta palabra como alegría intensa, pero las células tienen una forma particular de dicha que se manifiesta como vitalidad, flujo y dinamismo infinitos. Somos dichosos cuando estamos más vivos. En ese estado nos parece que todo es posible. El cuerpo deja de ser una carga y nos sentimos ligeros como el aire. No hay nada viejo ni corrompido. Nuestro potencial creativo se pone en marcha. La creatividad depende de la capacidad de la vida de renovarse constantemente, y dicha capacidad se cimienta en la dicha. No necesitamos forzarnos a ser dichosos —sería en vano— sino a ser conscientes. La dicha es innata en la conciencia, la cual es vivaz, efervescente y alegre por naturaleza. La ausencia de estas cualidades puede corregirse simplemente accediendo a un nivel más profundo de conciencia.

El tercer atributo del campo es el poder. Aunque las células operan en el nivel microscópico, tienen el poder para sobrevivir, desarrollarse y evolucionar en entornos que erosionan cordilleras enteras y secan vastos y milenarios océanos. Poder no significa agresión. El mayor poder es el que no se ve ni se siente, el que organiza un billón de células para formar un organismo que funciona sin traba; el que defiende al cuerpo de cualquier virus y germen que pudiera dañarlo, e identifica la aparición del cáncer. También sería artificial establecer fronteras alrededor de esta característica del campo. Mente, cuerpo y espíritu manifiestan el poder de maneras peculiares. La mente lo hace como atención e intención, convirtiendo los pensamientos intangibles en logros manifiestos. El cuerpo manifiesta el poder mediante la fuerza física y la resistencia, pero también al organizar incontables procesos en un todo coherente. El espíritu manifiesta el poder al convertir el potencial puro en realidad
Según la antigua tradición de la India, el poder espiritual llamado Shakti es el más elemental. Si posees el Shakti puedes volver visible lo invisible. Todo lo que imaginas se convierte en realidad. No existen obstáculos entre tu deseo y su realización. Shakti no es un concepto místico. Es un rasgo innato de la conciencia sin el cual las moléculas invisibles de oxígeno vagarían de manera casual por la atmósfera. Si añadimos la conciencia, esas mismas moléculas llevarán vida a cada una de las células del cuerpo. En un plano más profundo, Shakti nos permite co-crear el universo. Los seres humanos no somos observadores pasivos del cosmos. El universo entero está manifestándose en ti en este preciso instante. Se conoce a través de ti cuando la conciencia se vuelve sobre misma. Así como un transformador reduce el tremendo voltaje que corre por los cables de alta tensión, nuestro cuerpo reduce la energía del universo a la escala humana. El poder es el mismo. La carga eléctrica infinitesimal emitida por una sola neurona es idéntica a la tormenta electromagnética de una galaxia entera. Este poder fluye a través de la conciencia, por lo que cada vez que tomas conciencia de algo, interno o externo, aumentas tu poder en el universo. Quiero que comprendas que este sencillo acto —tomar conciencia de tu cuerpo libera inteligencia, creatividad y poder. Tener conciencia no es trivial y tampoco es opcional. Cuando dejas de prestar atención por estar distraído o sentirte deprimido, inquieto, desdichado o ansioso, se interrumpe el flujo de inteligencia, creatividad y poder. La decadencia y la enfermedad normales de la vejez son en realidad el resultado anormal de la disminución de la conciencia, que todas las células resienten y padecen. Una manera básica para tomar conciencia es asentarte en tu cuerpo. Esto no tiene mayor misterio: sólo sintonízate con lo que siente. Por ejemplo, imagina que vas manejando y un auto se te cierra. Tu reacción normal es sentirte perturbado o molesto; cuando te sientes apierdes el vínculo calmo y relajado que te conecta con el campo. Entonces intenta lo siguiente: en vez de sentirte perturbado por la irrupción, simplemente vuélcate a tu interior y percibe las sensaciones de tu cuerpo. Respira hondo: es una manera fácil de retomar la conciencia del cuerpo. Mantén tu atención en esas sensaciones molestas hasta que desaparezcan. Lo que acabas de hacer es romper la cadena estímulo-respuesta con un vacío, un intervalo sin reacción. Esto evita que la reacción se siga alimentando de misma. También recuerda al cuerpo su estado normal de autorregulación armoniosa y coordinada. Y te asienta. La autorregulación armoniosa es el estado fundamental del cuerpo. El estrés nos arrastra a un estado distinto de respuestas biológicas intensificadas, que desatan un torrente de hormonas, incrementan la frecuencia cardiaca, hipersensibilizan los sentidos y acarrean muchas otras reacciones secundarias. Pero todas éstas son temporales; son sólo medidas de emergencia. Si permitimos que la reacción del estrés se convierta en hábito, perturbamos la armonía del campo. El estado fundamental de conciencia relajada intenta coexistir con el estado agitado de la respuesta al estrés, pero no pueden mezclarse; no están hechas para existir al mismo tiempo. Cuando nos sentimos distraídos, abrumados, estresados o eclipsados, tendemos a escapar. La negación es una forma de escape. Distraernos mediante el trabajo excesivo es un escape. Alterar la mente con drogas y alcohol es un escape. Lo que tienen en común es la falta de conciencia. Nos insensibilizamos o distraemos creyendo erróneamente que la conciencia solamente intensificaría el dolor. Todo lo contrario. La conciencia sana porque es verdaderamente plena, y la sanación es básicamente el regreso a la plenitud.

La ciencia apenas empieza a comprender el fenómeno de la sanación. Nuestro cuerpo evolucionó durante millones de años para regular simultáneamente miles de procesos microscópicos. La enfermedad se presenta cuando el cuerpo olvida cómo autorregularse; la sanación se presenta cuando el cuerpo recuerda cómo autorregularse. Por ejemplo, podemos estar expuestos a la bacteria del neumococo, pero la exposición no basta para provocar una infección. Si el cuerpo sabe generar el anticuerpo adecuado no contraeremos neumonía, y esa capacidad se reduce en última instancia a la conciencia. El sistema inmune reconoce un invasor, lo identifica, y solicita la intervención adecuada. Todas estas acciones son conscientes. La sanación sólo puede entenderse si la mente es tan consciente como el cuerpo. En la ciencia médica hemos aislado el sistema nervioso, el sistema endocrino, el sistema cardiovascular, pero pasamos por alto el sistema de la sanación. Es invisible, comprende todas las partes del cuerpo, y responde al susurro inmaterial de pensamiento y sentimiento. Y sin embargo no hay nada más inteligente, creativo y poderoso que el sistema de la sanación, justo el que seguimos ignorando. La sanación debe ser tan continua como la respiración, no un proceso aislado para rechazar una enfermedad: debe significar comunicación constante con el campo. Ya analizamos el paso más importante: tomar conciencia de las sensaciones del cuerpo. Otra cosa que puedes hacer es empezar a tomar conciencia del campo que unifica todo de manera invisible. ¿Cómo? Normalmente pensamos en cosas, personas y acontecimientos, toda clase de estímulos externos; ahora, intenta observar el espacio entre las cosas. Si estás mirando a una persona, dirige tu atención al espacio que te separa de ella. El campo está donde pensamos que no hay nada: en el espacio entre pensamientos, entre objetos, entre una respiración y otra, entre movimientos. Se trata del mismo espacio, pero lo que llamamos nadaes falta de conciencia. Si eres consciente, el espació está lleno, es rico, dinámico. Es el campo del potencial puro, la región ignota de donde surgirá el instante siguiente y todo lo que éste conlleve. El espacio siempre está en calma, por lo que al dirigirle tu atención calmas la mente. Al mismo tiempo, tu cuerpo puede empezar a desechar la frustración, la tensión y los residuos acumulados del estrés pasado. En este estado de profunda relajación, la sanación está más activa. El cuerpo necesita desechar la energía atascada en emociones, recuerdos y experiencias traumáticas del pasado. Lo deseable sería no identificarnos con estas influencias negativas, no aferrarnos a ellas ni transmitirles más energía, pero todos lo hacemos. Cargamos al cuerpo con exigencias excesivas, consciente e inconscientemente, y con ello le impedimos relajarse. Si no estás seguro de que tu cuerpo está operando bajo el peso de estas exigencias, puedes comprobarlo fácilmente. Sólo relájate, quédate tranquilo y dile a tu cuerpo que puede hacer todo lo que quiera. Pueden presentarse cualquiera de las siguientes manifestaciones: suspiros profundos, somnolencia, surgimiento de recuerdos, sensaciones físicas inesperadas (por lo general malestar o rigidez), emotividad espontánea, probablemente lágrimas, y sensación de alivio. Todas son señales del cuerpo, de que necesita espacio para sanar y renovarse. Si actualmente tu cuerpo está en un estado de autosanación sin resistencia, el experimento producirá el efecto contrario. Si permaneces tranquilo y le dices a tu cuerpo que haga lo que quiera, se presentará alguna de las siguientes manifestaciones: una sensación de profunda quietud y paz; leve efervescencia; ligereza; alegría desbordante, si bien sutil, y admiración ante lo desconocido que se asoma a través de la máscara de la existencia material. En otras palabras, cuando tu cuerpo se encuentra en su estado natural, experimentas felicidad. Cuando eres feliz en este nivel de normalidad, recuerdas quién eres en realidad. Tu conciencia alcanza la realización porque en cada célula hay un estado de conocimiento, alegría y la certeza de la inmortalidad. En la India lo llamamos Sat Chit Ananda, o conciencia de la dicha eterna. En este estado del ser, el cuerpo se sana mediante el conocimiento de mismo. ¿Qué es lo que conoce? Que los mayores atributos de lo divino —omnisciencia, omnipotencia y omnipresencia— son en realidad los factores básicos de la vida.






miércoles, 20 de enero de 2016

Baja el precio del petróleo



Comentario: Hace cinco años dijo que llegaría un momento en el que el precio del petróleo se reduciría a 30 dólares el barril. Está sucediendo ahora: el precio del petróleo se ha reducido a menos de 30 dólares. Irán se está uniendo al mercado del petróleo, Arabia Saudita está matando a Rusia con petróleo barato y Estados Unidos también es parte de este juego. En general, parece que el precio del petróleo continuará cayendo.

Respuesta: Este no es el problema. La energía no es dificultad y podemos producirla de todo. Por supuesto el petróleo será muy barato y en este sentido, un futuro sombrío espera a Rusia, ya que no podrán confiar en el petróleo. En realidad, es Rusia, la que es suave con Irán y no puedo imaginar por qué.

Además, la revolución del gas shale está llegando, la tecnología avanza y lo más importante, no hay industria pesada ni producción de acero. Pronto los barcos se imprimirán de esos materiales que no necesita ni fundición ni forja.

En la caída del precio del petróleo junto a la transición gradual de la humanidad, veo avances a un nivel totalmente diferente de existencia, a un nivel en el que todo va a ser virtual. La tierra y sus recursos no afectarán nuestro nivel de vida. La vida será diferente, más aireada, más virtual. No estará conectada a un trabajo duro con objetos pesados. Las casas se construirán con facilidad, como si estuvieran hecho de bloques de construcción de niños.

Esto es necesario para que la gente entienda que lo importante no es satisfacer, sin restricciones, las necesidades, porque si queremos, vamos a ser capaces de tener fácilmente todo lo que necesitamos.

Por lo tanto, la humanidad tiene que crecer y ascender por encima de la era actual de consumo, que es sólo tener-tener-tener y, llegar a comprender que todo eso no es necesario.

De hecho esto ya está sucediendo. Vemos gente que rechaza compras costosas. El hombre puede superar su ego su mezquino. Hoy en día la gente sólo necesita un teléfono móvil inteligente para comunicarse con los demás, pero esto también pasará.

La gente ya no quiere manjares ni viajar por el mundo ni lograr algo. Todo pasa, se desvanece y desaparece. Y al final la gente queda vacía.

Estamos llegando a un estado en el que la persona comienza a pensar en, para qué vive y cuál el sentido de su vida.

Todo se mueve en dirección a la realidad virtual en la que todo desaparece y la persona se queda mirando al infinito como un bebé al borde del abismo.

Deseos, atributos, preguntas y sentimientos diferentes empiezan a despertar, eso revelará el significado de lo que nos enseña la sabiduría de la Cabalá. Está empieza a acercarnos y a atraernos; llegaremos y veremos un sistema de fuerzas de las que somos parte, las manejamos y somos manejados pro ellas.

Y todo está ocurriendo en una armonía cada vez mayor, que es revelada poco a poco; empieza a jugar dentro de la persona como una vigorosa y conmovedora melodía, que la llena continuamente sin dejar huecos ni siquiera los más ocultos. Esto lo atrae a las siguientes dimensiones. ¡Envidio a aquellos que aún no la han descubierto!


WEB   http://laitman.es/2016/01/baja-el-precio-del-petroleo/

lunes, 7 de diciembre de 2015

Capítulo Diez Cuerdas y hebras de LA RECONEXIÓN por ERIC PEARL





Desde el punto de vista multisensorial, las percepciones, las intuiciones, las corazonadas, y las inspiraciones son mensajes del alma, o de inteligencias avanzadas que asisten al alma en su viaje evolutivo.
El lugar del alma10- Gary Zukav


Lo que hay más allá

Los seres humanos somos seres inquisitivos. Queremos saber siempre el «cómo» y el «porqué», incluso cuando las respuestas no nos hacen ningún bien. Y a menudo no lo hacen. A menudo «cómo» y «por qué» pueden ser dos preguntas sin importancia. Aunque desde el comienzo, ahí estaba yo, preguntando justamente eso: «¿Cómo?», «¿por qué?», «¿cómo funciona?», «¿por qué está aquí?», «¿qué está ocurriendo?»

Realmente nunca recibí una respuesta que me dejara satisfecho.

Sé que no todo el mundo es tan insistente en conseguir respuestas. Algunas personas simplemente no hacen muchas preguntas. Leen acerca de algo, y se lo creen. Sus amigos les hablan sobre otra cosa, y creen en eso. La alta credulidad combinada con lo que yo llamo «El factor de Lemming» hace funcionar en masa a la gente y saltan de un acantilado de Nueva Era a otro, buscando las respuestas, ahogándose en un mar de indecisiones.

Fue sólo después de que me diera cuenta de que no iba a recibir más respuestas -de fuentes externas, en cualquier caso- cuando llegué a la conclusión de que tal vez no era importante conocerlas. Quizá incluso fuera contraproducente. Pero había pistas, encantadoras indirectas que voy a compartir contigo.

«Lo que estás haciendo es reconectar las hebras.»

 «Lo que estás haciendo es reconectar las cuerdas.»

Como ya dije, éstas fueron la tercera y cuarta declaraciones canalizadas por unos cuantos pacientes míos. Por mi propia experiencia, sabía a qué se referían las «hebras». Cuando usamos esta energía de sanación, estamos haciendo más que arreglar un problema especial; estamos literalmente reconectando las hebras, hebras de ácido desoxirribonucleico: ADN. El ADN es una molécula compleja que consta de dos hebras conectadas en una forma de espiral de doble hélice, como una escalera de mano enroscada. La ciencia enseña que cada ser humano tiene estas dos hebras en cada molécula de ADN de su cuerpo, y esta configuración es la base de nuestro código o impronta genética. De tales partes diminutas de materia se forma la estructura de nuestros cuerpos, nuestros cerebros, incluso gran parte de nuestra personalidad.

10 N. de la T.: Publicado en español por América Ibérica, Madrid, 1994

Lo que la ciencia no enseña -por lo menos no aún- es que en cierto momento, ¡podríamos haber tenido 12 hebras de ADN codificando tanta información! (Sí, enciérrame, lo dije aunque juré que no lo haría.) «Reconectar hebras» implica que más que continuar el desarrollo de forma un tanto lineal, la raza humana se beneficiará al rescatar en el tiempo y traer al presente ciertos aspectos de cuando éramos gente más completa.

Esto es parte de lo que está ocurriendo ahora con la Reconexión: nos estamos reconectando con quienes fuimos.

«Lo que estás haciendo es reconectar las hebras.» «Lo que estás haciendo es reconectar las cuerdas.» Al principio, pensé que las dos frases querían decir casi lo mismo, ya que algunas personas usaban el término hebras y otras usaban cuerdas, eso es todo. Semántica. Entonces me enteré de un concepto de física cuántica, y me di cuenta de que estaba completamente equivocado sobre lo que las entidades llamaban «cuerdas».

Esa frase no era sobre el ADN en absoluto. Se refería a lo que ocurre simultáneamente (en paralelo) en diferentes planos de existencia: se trataba de física subnuclear. Se trataba de describir la estructura fundamental del propio universo. Se refería a la teoría de la cuerda.

Básicamente, «La teoría de la cuerda» es una manera de mirar los componentes básicos de la materia y la energía de tal forma que podría perfectamente aclarar un dilema que ha estado atormentando a los científicos durante décadas: ¡el argumento de que las dos ramas principales de la física no pueden ser ambas verdaderas!

Ésta no es la física que nos hizo sufrir a todos en la escuela. Ésta es la física que da apoyo y percepción en la vida, en la espiritualidad y en los planos paralelos de la existencia. Echa un vistazo. Después de todo, la física es lo que define el universo físico en el que vivimos. La física trata de los objetos dentro de ese universo, las fuerzas que los mantienen juntos, y los secretos que los hacen hacer tictac.

La física trata también de los extremos. En un extremo de la escala, los principios extraños de la «mecánica cuántica» describen y pronostican el comportamiento de lo sumamente pequeño: los átomos y las partes que los conforman. En el otro extremo, las dos teorías de la relatividad de Einstein se las arreglan con la inmensidad del propio universo, la velocidad de la luz y la deformación del espacio-tiempo por cuerpos grandes como estrellas, galaxias, y agujeros negros.

Aparte de su belleza abstracta, ambas teorías han demostrado ser herramientas muy poderosas. La mecánica cuántica llevó al desarrollo del chip de ordenador. La relatividad dio a los cosmólogos las herramientas para explicar toda clase de actividad extraña (ahí fuera) en la inmensidad del universo.

El problema es, dijeron, que si la física cuántica es cierta, entonces la relatividad tiene que ser falsa, y viceversa. Cuando tratas de aplicar las reglas que gobiernan un campo a las reglas que gobiernan al otro, dejan de funcionar. La mecánica cuántica indica que en el nivel subatómico donde la materia y la energía dejan de ser entidades separadas, el universo es tan caótico e imprevisible que se conoce como «espuma cuántica». Por otro lado, la relatividad solamente trabaja en un universo perfectamente en calma y muy predecible.

Durante décadas, los físicos han estado buscando alguna manera de unificar estas dos potentes teorías en una única Teoría de Todo. Ahora parece que podrían haberlo encontrado, con la teoría de la cuerda.

Según este concepto, las «cosas» más diminutas del universo no son las partículas subatómicas de las que todos hemos oído hablar -protones, neutrones, y electrones- ni tampoco las partículas más misteriosas que los físicos nucleares manejan habitualmente: quarks, leptones, neutrinos (que, si me lo permites, suenan a cereales de desayuno) y demás. Parece que las partículas más fundamentales del universo no son realmente partículas. Se describen más bien como bucles de «cuerda» que vibran a frecuencias específicas. Estas frecuencias vibratorias determinan la «identidad» de la cuerda, y por lo tanto de qué clase de partículas estará formada: un quark que es parte de un átomo que es parte de una molécula de materia, o una partícula que en última instancia se hará un fotón de energía electromagnética. Todo depende de la frecuencia de la vibración.

Cuando se ve en ese nivel, la «espuma cuántica» deja de parecer tan irremediablemente caótica.

Bien, eso podría satisfacer a los físicos, ¿pero qué pasa con el resto de nosotros? ¿Qué significa para nosotros la teoría de la cuerda? Probablemente ya hayas caído en la cuenta: la teoría de la cuerda propone que la forma y el contenido del universo entero están determinados por las frecuencias vibratorias del núcleo de cada átomo, cada partícula. Este concepto corrobora la proposición de que, en última instancia, no hay ninguna diferencia entre la materia y la energía. Todo es uno, y todo es un tipo de música. ¿Suena familiar? Este concepto ha sido comprendido por los místicos y otros individuos espirituales durante siglos.

Pero hay más. En el diminuto nivel de la teoría de la cuerda, un campo tan pequeño que sólo puede ser descrito a través de matemática sumamente compleja, el universo no es la construcción de cuatro dimensiones que nosotros los humanos estamos acostumbrados a  percibir y habitar. Los seres humanos funcionan en un mundo de altura, fondo, anchura, y tiempo. Eso es todo lo que conocemos. Pero no es todo lo que hay, ni mucho menos. Hasta ahora, físicos que trabajan con la teoría de la cuerda están postulando que las cuerdas existen en algún lugar de 7 a 11 dimensiones diferentes simultáneamente. Finalmente encontrarán 12, algunos ya dicen que hay más. En el otro extremo de la escala cósmica, los científicos ya tienen pruebas de que algunas partículas no sólo desobedecen el «límite de velocidad cósmico» de Einstein -la velocidad de la luz- sino que lo exceden enormemente.

Así que, ¿qué significan estas cosas para nosotros a escala humana? En primer lugar, muestra cuánto tienen que aprender los científicos todavía. Por otro, ahora sabemos que hay otras dimensiones ahí fuera. Combina eso con la inestable e imprevisible naturaleza de este universo de acuerdo con la mecánica cuántica, y no sólo tendrás apoyo científico para el concepto de las múltiples dimensiones, sino también universos múltiples (en este caso, universos paralelos, que es la interpretación de lo conocido como Muchos Mundos). Quizá existe un número infinito de tales universos, todos tocando al nuestro a nivel de las cuerdas.

Llevado a su conclusión lógica, lo que esto nos dice es que el lugar en el que estás ahora mismo, mientras lees este libro, existe en un número infinito de variaciones, sucediendo todas al mismo tiempo. En uno de estos universos, estás sentado a solas. En otro, la habitación está totalmente vacía. En otro más, está sucediendo una fiesta. En otras palabras, todas las cosas no son sólo posibles, son también probables en algún universo alternativo.

Hasta ahora, la mayoría de nosotros solamente ha sido consciente del universo que habitamos. A través de las nuevas frecuencias reconectivas, ahora podemos interactuar con otros niveles o dimensiones... conscientemente. Éste es nuestro cambio como seres humanos con cinco sentidos a lo que Gary Zukav llama seres humanos multisensoriales, o lo que yo denomino como seres humanos trans-sensoriales, trascendentes sensoriales o «transcendensoriales». Con esto, podemos ir más allá, o trascender, nuestros cinco sentidos básicos.

Cuando me fueron canalizadas las seis frases, ¿quién estaba enviando estos mensajes? Obviamente no fueron creadas por la persona que estaba hablando y evidentemente nadie más era visible en la habitación. Así que era quizá alguien de uno de esos planos de existencia que ocurren simultáneamente; alguien que comprendía cómo cruzar de un plano a otro y presentarse a sí mismo en una habitación en nuestro mundo.

Prestar atención

Los problemas significativos que tenemos no se pueden resolver en el mismo nivel de pensamiento en el que los creamos. Albert Einstein

Solía pensar que las personas se dividían en uno de estos tres grupos: aquellos que no confían en nada más allá de sus cinco sentidos básicos, aquellos que están abiertos a la posibilidad de que podría haber algo más allá de esos sentidos, y aquellos que definitivamente creen que hay algo más. Sin embargo yo me veo a mí mismo en un cuarto grupo más pequeño: aquellos que saben que hay algo más.

¿Qué quiere decir que las diferentes personas que entran en mi consultorio vean una y otra vez las mismas entidades, las cuales no están descritas en ningún libro o fábula? Ven a los mismos ángeles, los mismos seres, los mismos guías, los mismos... como quieras llamarlos. ¿Qué significa que personas -desconocidos entre sí- huelan las mismas fragancias, vean los mismos colores y formas, y sientan las mismas sensaciones? No hay manera de que estas manifestaciones puedan repetirse con tal exactitud a menos que existan en realidad en algún lugar, y las diferentes personas estén percibiéndolas, trascendiendo sus cinco sentidos básicos.

En otras palabras, parece claro que estos individuos están en contacto con al menos un universo alternativo, diferente del nuestro pero unido a él en la espuma cuántica. Dos universos, tres universos, más universos relacionados entre sí y a todos los demás universos posibles... por las cuerdas vibratorias que están en el núcleo de todo.

Trans-sensoriales o transcendensoriales

Trans significa «al otro lado de, en el otro lado, más allá». También significa «a través de» y «cambio». Trascender significa «pasar más allá» (un límite humano); «existir sobre e independiente de (la experiencia material o el universo); y «sobreponer o sobrepasar, superar». Y sensorial significa «de o relativo a los sentidos».

Trans-sensorial, trascendente sensorial, o lo que muchos apodan transcendensorial, es el proceso o habilidad de ir más allá de nuestros cinco sentidos básicos. Aunque nuestra interpretación y descripción de estas experiencias a menudo dependen de palabras familiares que representan nuestros sentidos básicos, la experiencia en sí no es lo mismo. Como sanador, tus pacientes (o clientes) pueden decirte: «Escuché una voz, aunque exactamente no era una voz... Exactamente no lo escuché». O, como mi paciente Gary dijo: «Sentí como si unas manos invisibles estuvieran girando mi pie, aunque no las sentía como manos en absoluto».

«Los vi, pero no los vi en realidad con mis ojos» es un comentario común, igual que «fue la fragancia más asombrosa. Es gracioso, ya que no tengo el sentido del olfato así que no sé cómo lo estaba oliendo». Relatamos nuestras experiencias con nuestros sentidos limitados aquí sobre la Tierra, porque es todo lo que conocemos... hasta ahora. De repente, cuando nosotros, como sanadores, trabajamos con alguien, no sólo sentimos el viento en nuestras manos cuando la habitación está tranquila -o burbujas o destellos o un tira y afloja magnético- traemos a otros a un lugar en el que ellos, también, están interactuando con otra dimensión. No sólo somos nosotros los que hacemos la transición, sino que ayudamos a otros en su transición a seres humanos transsensoriales, o transcendensoriales. Los estamos llevando al otro lado de o más allá de sus sentidos básicos. Los estamos guiando a través de y dentro del cambio. Pero más aún, les estamos ayudando para que se desarrollen más allá de su límite humano, para existir por encima de e independientemente de la experiencia material.

«Lo que estás haciendo es reconectar las cuerdas.» Cuerdas. ¡Qué pequeña palabra graciosa para algo que está modificando tan dramáticamente nuestra perspectiva sobre la realidad!