martes, 21 de julio de 2015

Templo de Salomón

Sócrates, el filósofo griego decía: “Yo sólo sé que no sé nada

Isaac Newton, el filósofo ingles preconizaba: Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano.

Mariano José de Larra, el escritor español sentencia: “Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas".

Confucio, el filósofo chino enseña que Lo único que se necesita para aprender es un ESPÍRITU HUMILDE

En realidad de verdad amigos, somos mucho más de lo que apenas podemos ver y tocar físicamente.

La anatomía del ser humano va más allá de la parte física, hecho que no era ignorado por las antiguas y sabias formas de la medicina egipcia, china, indiana, tibetana, colombiana, maya, etc., etc.

De nada sirve conocer la química oficial si no se conoce la química oculta. De poco serviría conocer la biología exterior si no se conoce la biología interna del hombre. Lo propio ocurriría conocer solamente la Anatomía externa, si se desconoce la Anatomía interna.

Baldío sería el estudio teórico de la Bacteriología sin un microscopio de laboratorio.

Es absurdo estudiar medicina sin haber desarrollado la clarividencia positiva, que nos permita ver y palpar la anatomía oculta del hombre.

En la Escritura se nos dice que Dios hizo al hombre a su propia imagen y semejanza. Así ha sido declarado no solamente en la Biblia Cristiana, sino también en la mayoría de los escritos sagrados de los seres iluminados. Los patriarcas judíos enseñaron que el cuerpo humano es el microcosmos, o pequeño cosmos, hecho a la semejanza del macrocosmos, o gran cosmos.

Esta analogía entre lo finito y lo infinito se ha dicho que es una de las claves por la cual se pueden develar los secretos de la Sagrada Escritura.

El Viejo Testamento es un libro de texto fisiológico y anatómico para aquellos que son capaces de leerlo desde un punto de vista científico.

Las funciones del cuerpo humano, los atributos de la mente y las cualidades del alma humana, han sido personificados por los sabios de la antigüedad, y un gran drama ha sido elaborado acerca de sus relaciones entre si mismos y con los demás.

Al gran egipcio semidiós Hermes, la raza humana debe su concepto sobre la ley de analogía. El gran axioma hermético fue: “Como arriba es abajo; como abajo es arriba.

Todas las religiones antiguas estaban basadas en el culto a la Naturaleza, el cual, en una forma degenerada, ha sobrevivido hasta nuestros días como culto fálico. La adoración de las partes y funciones del cuerpo humano comenzó desde un pasado remotísimo.

Durante la época Atlante esta religión dio lugar al culto del sol, pero incorporando en sus doctrinas muchos de los rituales y símbolos de la sabiduría arcaica.

La construcción de los templos en la forma del cuerpo humano es una costumbre común a todos los pueblos, tradición didáctica que también surge en el Templo de Salomón.

El tabernáculo de los judíos, el gran templo egipcio de Karnak, las estructuras religiosas de los sacerdotes hawaianos, y las iglesias cristianas dispuestas en forma de cruz, son ejemplos de esta práctica.

Si el cuerpo humano fuera extendido sobre uno de estos edificios, con los brazos abiertos, se vería que el altar mayor ocuparía la misma posición relativa que el cerebro ocupa en el cuerpo humano.

Todos los sacerdotes de la antigüedad conocían anatomía. Aceptaban que todas las funciones de la Naturaleza eran reproducidas en pequeño en el cuerpo humano. Por lo tanto, consideraban al hombre como un libro y enseñaban a sus discípulos que entender al hombre era comprender el universo.

Aquellos sabios sabían que cada estrella en el cielo, cada elemento en la tierra y cada, función en la Naturaleza, estaba representado en el cuerpo humano por su correspondiente centro, polo o actividad.

Esta correlación entre la Naturaleza y la naturaleza interna del hombre que estaba oculta para las masas constituía las enseñanzas secretas del antiguo sacerdocio.

La religión era considerada mucho más seriamente que lo que es en nuestros días, por los atlantes, egipcios, chinos, griegos, indos, etc.

Era la vida misma de estos pueblos. Los sacerdotes eran respetados por hombres y mujeres, a los cuales se les había enseñado desde su infancia que estos patriarcas, con sus atavíos y luengas barbas, eran los mensajeros directos de Dios; y se sabía que toda desobediencia a lo ordenado por los sacerdotes atraería sobre la cabeza de los transgresores grandes males.

De la misma forma, hombres y mujeres eran respetados por los sacerdotes.

El templo dependía de su apoyo, basado en su secreta sabiduría, la cual daba a los sacerdotes control sobre ciertos poderes de la Naturaleza y los dotaba de una sabiduría y comprensión enormemente superior al estado seglar que ellos controlaban.

Esos sabios comprendieron que en la religión había algo mucho más grande que el mero canto de mantrams e himnos; ellos comprendieron profundamente que la senda de la salvación sólo puede ser recorrida con éxito por aquéllos que tienen conocimiento práctico y científico de las funciones ocultas de sus propios cuerpos.

El simbolismo anatómico que ellos desarrollaron para perpetuar este conocimiento ha llegado hasta la cristiandad moderna, pero, aparentemente, su clave parece haberse perdido.

Es una tragedia para los religiosos el estar rodeados por cientos de símbolos que no pueden comprender; pero, es más triste aún que ellos hayan llegado a olvidar totalmente que estos símbolos tienen otro significado que las tontas interpretaciones que ellos a su manera han urdido.

El ocultismo enseña que hay todo un universo dentro del cuerpo humano; que él tiene sus mundos; sus planos, dioses y diosas. Millones de diminutas células son sus habitantes. Éstas están agrupadas en reinos, naciones y razas.

Hay las células óseas y las células nerviosas, y millones de estas pequeñísimas criaturas, al agruparse, se transforman en una cosa compuesta de muchas partes.

El Gobernador Supremo y Dios de este gran mundo es la conciencia del hombre. Esta conciencia toma su universo y lo lleva hasta otra ciudad. Cada vez que va y viene por las calles, ella toma sus centenares de millones de sistemas solares y los lleva consigo, pero, siendo tan infinitesimales, el hombre no puede comprender que ellos son realmente mundos. Igualmente, nosotros somos células individuales en el cuerpo de una creación infinita que se mueve a si misma a través de la infinitud, a una velocidad desconocida. Los soles, las lunas y estrellas, son, meramente, huesos del gran esqueleto compuesto de todas las sustancias del universo.

Nuestras propias minúsculas vidas son, simplemente, partes de esa infinita vida que circula y palpita a través de las arterias y venas del espacio. Pero todo eso es tan vasto que esta más allá de la comprensión de todo aquel que rechaza el saber. Vivimos en un mundo medio, con infinita grandeza por un lado e infinita pequeñez por el otro.

A medida que nuestro desarrollo se va ampliando, también lo hace nuestro mundo, dando como resultado el que vayamos comprendiendo cada vez más todas estas maravillas.

Alguna vez los médicos descubrirán que el conocimiento de los órganos y funciones del cuerpo humano es el método más importante y completo para comprender las religiones de todo el mundo, porque todas las religiones —aún las más primitivas, están basadas en las funciones de la forma humana. No fue, pues, sin razón, que los antiguos sacerdotes colocaron en el dintel de los templos la inmortal sentencia:

HOMBRE, CONÓCETE A TI MISMO.


Extraído: http://www.samaelgnosis.net/congresos/2008/memorias/templo_salomon.html

lunes, 22 de junio de 2015

MI ALMA ME HABLÓ de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN



Mi alma me habló y me enseñó a amar lo que el pueblo aborrece y a proteger lo que denigra. Mi alma me mostró que el amor se enorgullece no sólo del ser que ama sino también del amado. Antes de que mi alma me hablara, en mi corazón el amor era como una delgada cuerda ajustada entre dos clavijas. Pero ahora el amor se ha transformado en un halo cuyo comienzo es su final y cuyo final es su comienzo. Rodea a todos los seres y se difunde lentamente hasta abrazar todo lo que existe. Mi alma me advirtió y me hizo percibir la belleza oculta de la piel, la forma y el matiz. Me enseñó a meditar sobre lo que la gente llama feo hasta que aparece su verdadero encanto y deleite. Antes de que mi alma me aconsejara, para mí la belleza era una antorcha temblorosa entre columnas de humo. Ahora que se desvaneció el humo no veo sino la llama. Mi alma me habló y me hizo oír voces que no pronuncian la lengua, la laringe ni los labios. Antes de que mi alma me hablara yo no oía más que gritos y gemidos. Pero ahora, ansiosamente, puedo oír el silencio y escucho sus coros cantando los himnos de los tiempos y los cánticos del firmamento, que anuncian los secretos de lo oculto. Mi alma me habló y me enseñó a beber el vino que no procede de lagares ni puede escanciarse de copas que puedan levantar las manos ni tocar los labios. Antes de que mi alma me hablara, mi sed era como una chispa confusa escondida bajo las cenizas que pueda apagar un sorbo de agua. Mi alma me habló y me enseñó a tocar lo que aún no se ha encarnado; ella reveló que todo lo que tocamos es parte de nuestro deseo. Pero ahora mis dedos se transformaron en bruma que penetra en lo que se ve del universo y se confunde con lo invisible. Mi alma me enseñó a aspirar el perfume que no emiten el mirto ni el incienso. Antes de que mi alma me hablara yo deseaba aspirar la fragancia del perfume en los jardines, en los frascos o en los incensarios. Pero ahora puedo gustar del incienso que no se quema como ofrenda en sacrificio. Y lleno mi corazón con una fragancia que ninguna brisa condujo a través del espacio. Mi alma me habló y me enseñó a decir "Estoy listo" cuando lo desconocido y el peligro me llaman. Antes de que mi alma me hablara yo no respondía a ninguna voz, salvo a la del pregonero que conocía, y sólo caminaba por el sendero cómodo y fácil. Ahora lo desconocido es un corcel que puedo montar para conocerlo, y la llanura se volvió escalera y por sus peldaños trepó a la cima. Mi alma me habló y me dijo: "No midas el tiempo diciendo: Hubo un ayer y habrá un mañana." Antes de que mi alma me hablara creía que el pasado era una época que nunca volvería y que el futuro nunca podía ser alcanzado. Ahora me doy cuenta de que el presente contiene a todo tiempo y que en él se encuentra todo lo que puede esperarse, todo lo realizado y todo lo cumplido. Mi alma me habló exhortándome a no limitar el espacio diciendo: "Aquí, allí, allá." Antes de que mi alma me hablara yo sentía que por cualquier parte que caminaba estaba lejos de todo otro espacio. Ahora comprendo que en cualquier lugar que esté se encuentran todos los lugares y que la distancia que camino abarca todas las distancias. Mi alma me enseñó a estar despierto mientras otros duermen y a entregarme al sueño cuando otros están en movimiento. Antes de que mi alma me hablara yo no distinguía sus sueños al dormirse ni ellos advertían mis fantasías. Ahora yo nunca zarpo en el buque de mis sueños a menos que ellos me vigilen, y ellos nunca se remontan por el cielo de sus fantasías a menos que yo las comparta en su libertad. Mi alma me habló y dijo: "No te alegres con el elogio y no te angusties con el reproche." Antes de que mi alma me aconsejara yo dudaba del mérito de mi trabajo. Ahora me doy cuenta de que los árboles florecen en primavera y dan sus frutos en verano sin esperar elogio, y dejan caer sus hojas en otoño y quedan desnudos en invierno sin temor al reproche. Mi  alma me habló y me hizo ver que no soy más que el enano ni menos que el gigante. Antes de que mi alma me hablara yo veía a la humanidad dividida en dos clases de hombres: una débil, de la que me compadecía, y una fuerte, a la que seguía o resistía desafiante. Pero ahora aprendí que soy como ambos y estoy hecho de los mismos elementos. Mi origen es su origen, mi conciencia es su conciencia, mi pretensión su pretensión y mi peregrinaje su peregrinaje. Mi alma me habló y me dijo: la linterna que llevas no es tuya y la canción que cantas no fue compuesta en lo profundo de tu corazón, porque aunque sostengas la luz no eres la luz, y aunque seas un laúd con las cuerdas tensas no eres el ejecutante. Mi alma me habló, hermana, y me enseñó muchas cosas. Y tu alma también te ha hablado y también te ha enseñado. Porque tú y yo somos uno y no hay diferencia entre nosotros, salvo que yo haya proclamado lo que hay en mi ser íntimo, mientras tú lo guardas como un secreto de tu intimidad. Pero en tu reserva hay una especie de virtud.






sábado, 2 de mayo de 2015

Sobre Sanación por el Pensamiento

Desarrollo

En su libro "La Curación de las Enfermedades mediante el poder del pensamiento", la sanadora mental Kate Atkinson Boehme señala:


No comprendéis cómo el pensamiento de una persona puede tener efecto en el cuerpo. ¿Cómo es que el pensamiento puede influir sobre los nervios y músculos de nuestro cuerpo y producir el movimiento? ¿Quién pudo ver jamás cómo el pensamiento así obraba sobre nervios y músculos? Hasta hoy a nadie ha sido dable el explicar el misterio, que sin embargo aceptamos como un hecho. ¿Hacemos esto porque así nos lo han enseñado los fisiólogos? No. Lo sabemos por nuestra propia experiencia interior. Por ejemplo veo un libro sobre la mesa. Pienso que me agradaría examinarlo. Yo estoy consciente de este pensamiento. Enseguida pienso que voy a tomarlo. También tengo conciencia de ese pensamiento. Después, tomo el libro y sé que el tomar este libro es el resultado de mi primer pensamiento. Se que mi pensamiento ha hecho que mi mano se dirija hacia la mesa y que mis dedos tomen el libro y la atraigan hacia mi. Centenares de nervios y de músculos han sido puestos en acción y sin embargo no sé cómo ello se ha verificado... Pero, ¿es esto una razón para negarlo?

La electricidad existe en todo cuanto nos rodea, pero no nos damos cuenta del hecho, y hubo tiempo en que nos habría parecido imposible pudiera habérsele utilizado en tantas formas como el presente. Si Edison vive lo bastante, nos enseñará a encontrarla y a servirnos de ella, sin necesidad de grandes instalaciones, ni de pesadas maquinarias. desde luego está descubriendo la manera de producir electricidad directamente del carbón, para que así hagamos correr nuestros automóviles, alumbremos nuestras casas y dispongamos en cualquier forma de la electricidad sin necesidad de máquinas ni dinamos. ¡Qué adelanto! Pero esto nos está probando cómo el mundo progresa en el empleo de agentes más y más sutiles.

¿Quién hubiera podido pensar que estuviéramos hoy telegrafiando sin hilos? Confieso que para mí es todavía una maravilla el considerar que colocando un transmisor en Washington y un receptor en Boston, se pueda enviar sin alambre un telegrama, de un punto a otro, sin que se pierda en el camino. Pero llega; y lo mismo sucede con el pensamiento... el médico es el transmisor y el paciente el receptor.. El pensamiento va en un instante, como una chispa eléctrica. Hemos descubierto un poder eléctrico mental y vivimos en un siglo de electricidad, en el cual está por verse aún más y más grandes maravillas.

El pensamiento es una fuerza silenciosa que puede obrar sin el intermedio de la palabra hablada o escrita. El pensamiento de una mente puede actuar sobre el cuerpo de otra persona, para bien o para mal... En nuestro ser interno hay un gran depósito de fuerza, a la que tenemos acceso por medio de la mente.

Existe en nuestro ser interno un manantial inagotable, dentro del cual se contiene todo lo que nos es posible exteriorizar, ya sea en fuerza, vitalidad, salud, armonía, belleza, etc.; en fin todo lo que pudiéramos imaginar o quisiéramos ser. Para ello nos basta ponernos en la debida actitud mental y extraer de allí todo lo que necesitamos.

Cuando oigo decir a algunas personas que no pueden gobernar su pensamiento, sé que no es así; sé que no han tenido constancia o que no han sabido tomar el verdadero rumbo. Hay dentro de vosotros dos pensamientos respecto a vosotros mismos: Un Pensamiento Verdadero y otro Falso. Este último no es nada más que una ilusión y, sin embargo, mientras más en vuestra mente, os parece real, y actuarás conforme a él. Creéis que sois débil y obráis de acuerdo con esta idea... "Así como el hombre piensa, así es él". Este mismo principio se aplica a las enfermedades, cualquiera que sea su especie. Podéis tener alguna molestia interna y pensar que es cáncer. Si lo pensáis con la suficiente energía, se os convertirá en cáncer. A la inversa, podéis estar sufriendo actualmente de cáncer y si os hacen pensar hasta convenceros de que no lo tenéis, el cáncer desaparecerá... Todo depende de lo que creáis respecto a cual es vuestro verdadero Yo. Niego que seáis vuestro cuerpo físico, y en cambio declaro que sois una entidad espiritual e inmortal sin principio ni fin, y que tiene el poder de revestirse de muchas distintas envolturas carnales a las que llamaréis cuerpo. Nadie sabe dentro dentro de cuántas de estas envolturas carnales habéis estado ya. Ni dentro de cuántas podréis estar en tiempos venideros.

Cuando digo: El dominio que tenéis sobre vuestro cuerpo, ¿no os suena como si fuerais algo más elevado y superior a vuestro cuerpo? Si así no fuera, ¿cómo podréis gobernarlo? Mientras penséis que vosotros sois el cuerpo o que vuestro cuerpo sois vosotros mismos, no podréis pretender superioridad alguna sobre ninguno de sus estados o actividades, ni ser capaces de tenerlo bajo vuestro dominio.

Cuando afirmáis que no sufre de cáncer estáis hablando la verdad, porque el Ego o el Yo, que sois vosotros, no puede tener cáncer ni ningún defecto o enfermedad. Mientras más profundices esta verdad, más positivo se hará vuestro pensamiento, porque comprenderéis que sois en verdad el ser real y no estáis sujetos a la ilusión. La mente en su forma positiva está ahora pensando la verdad divina, enardecida por la divina energía, y puede sanar nuestro cuerpo... Sin darse cuenta de que su Yo divino, el Ser real, se encuentra tan estrechamente unido a él, esperando sólo ser reconocido. Tarde o temprano debemos conocer a este Ser real que somos nosotros y de cuya presencia tenemos que aprender a darnos cuenta en cada momento de nuestra vida.

El término SUBCONSCIENTE  yo lo uso para indicar un poder mental que gobierna lo que generalmente se conoce por la acción involuntaria del cuerpo, como son: los latidos del corazón, la circulación de la sangre, la digestión o cualquiera otra función que no dependa directamente de la voluntad o sea regida por ella. La mente subconsciente es un conjunto de costumbres, y de costumbres muy antiguas. Contrae hábitos de enfermedad, es decir, una parte de ella comienza a actuar en cierta dirección errada y sigue así, concluyendo por alterar la armonía general hasta que, o sucede algo para restablecerla, o bien todas las demás partes se amoldan a la acción irregular, estableciendo una especie de tregua entre ellas, convenio que hacen, no por el mayor bienestar del conjunto, sino más bien por tener paz temporal.

La parte subconsciente de la mente está en realidad subordinada a la parte consciente, pero tiene su modo de imponerse y de seguir por su cuenta, de la misma manera que de ordinario lo hacen todos los subordinados.

Un escritor ha dicho con cierto ingenio, que el organismo humano se sostiene gracias a que constantemente está refrenando a las fuerzas interiores que siempre tratan de escaparse y obtener su libertad. Y realmente parece que así fuera, pues tan luego como el Espíritu -que es el que mantiene al cuerpo intacto- lo abandona, se declara la anarquía más completa, pues cada átomo procura desligarse con la mayor ligereza posible del gobierno orgánico.

La maquinaria en la mente subconsciente no es como la madera o el acero, y por consiguiente debéis arreglarla, por decir así, con diferentes herramientas. Las herramientas que debéis usar son las palabras, ya sean pensadas o habladas. También podéis hacer uso de la emoción, que a veces no necesita en absoluto de palabras. Si la gente comprendiese mejor estas cosas, sabría por qué un médico mentalista dice a su enfermo que está bueno y robusto, cuando es evidente que está débil y enfermo. Si la mente subconsciente no estuviese bajo el dominio de la mente consciente, semejante afirmación no le haría bien alguno; le produciría tanto efecto como el que causa una piedrecilla arrojada contra una muralla de granito. El que en realidad produzca efecto es debido al hecho de que la mente subconsciente es una sustancia inteligente, plástica y vibrante; y cuando es tocada por una palabra viva, actúa de acuerdo con esa palabra. Palabras vivas son las de salud, de éxito, de aliento, etc., y la mente subconsciente responde a ellas produciendo mejor circulación, mejores latidos del corazón, mejor acción muscular y nerviosa, mejor vista, mejor oído y mejor digestión.

Por el contrario, las palabras muertas, tales como "¡Oh! estoy tan enfermo, soy tan desdichado, tan pobre, tengo tan mala suerte, y me siento tan desalentado¡", etc., tienen un efecto deprimente, bajan el tono del sistema entero, y producen, en cada detalle, el efecto contrario al de las palabras vivas.

Vuestra enfermedad es un estado pasajero del cuerpo; y sostengo con firmeza, por lo que sé, que esa es la realidad con respecto a vuestro verdadero Yo. El Yo Real es un sinónimo de potencia, de perfección, de gloria, de luz. Pero ¿por qué encuentra dificultad para manifestarse un algo tan perfecto? Y si es tan grande y glorioso, ¿por qué ostenta todas estas cicatrices y defectos, deformidades, pena y dolencias? Por la misma razón que una sombra circunda la Tierra, cuando las nubes se interponen entre ésta y el Sol. Sin embargo, el Sol sigue brillando.

Hay un estado en las facultades conscientes, que corresponde a la Tierra en sombra. En ese estado no vemos al Yo Real. No atraviesa las nubes. No puede manifestarse donde la atmósfera no es un buen conductor; pero continúa resplandeciendo, puro, sereno, perfecto.

Es difícil probar, en palabras, lo que el alma reconoce por verdadero; pero la verdad de que estoy más convencida, es de que el Yo Real Interno es un centro irradiante de vida. Estoy convencida también de que este Yo Real, actuando sobre la mente consciente y por medio de ésta sobre la subconsciente, disipará las nubes de la enfermedad, de las molestias, de la pobreza, y de todo lo que desagrade, dejando sólo lo que es hermoso, bueno y grato; como verdadera manifestación corporal de un perfecto Yo Real.

Todo lo que os pido, lector, es que probéis el efecto que producen, sobre la mente subconsciente, ciertas palabras, por decirlo así, vigorosas, alentadoras, vivificantes. Aun cuando os encontréis en medio de pobreza, enfermedad y penas, afirmad lo contrario: Soy rico, estoy bien, soy feliz. Repetidlo una y otra vez, aun cuando todo parezca desmentir vuestras palabras. Si hacéis esto con constancia, os aseguro con la certidumbre más absoluta, que las palabras que pronunciáis, caerán en la mente subconsciente y se convertirán allí en un poder que dará favorable solución a todos vuestros problemas.

Si agregáis bicarbonato a un ácido, lo neutralizaréis. Con arreglo a una ley tan cierta e inmutable como esta, podréis neutralizar, mediante afirmaciones positivas los estados más amargos del ánimo, las dolencias más agudas del cuerpo y las contrariedades mayores del medio ambiente... Los pensamientos de salud producen salud y los pensamientos de éxito procuran éxito. Un pensamiento sostenido con persistencia, tenacidad y firmeza se convierte con el tiempo en una parte de vosotros mismos. Si el pensamiento es elevado y noble, la mente subconsciente actúa al unísono con la verdad y la nobleza. Al mismo tiempo la mente subconsciente está reconstituyendo vuestras condiciones físicas de acuerdo con vuestro pensamiento. Lo hace tan silenciosamente, tan en secreto, que no os dais cuenta de ello. Por medio de la afirmación, podéis seguir construyendo y reconstruyendo nuevamente vuestra vida, y modificándola hasta alcanzar vuestros más altos ideales. tened ánimo, entonces, puesto que el remedio para todos estos males está dentro de vosotros y en vosotros, porque vosotros estáis en Dios.

Existe una gran fuente de la cual extraemos nuestros pensamientos. Es tan vasta como la humanidad misma y está a disposición de cada uno de nosotros. Emerson la llamaba "El Alma Universal o la Super-Alma", y tal vez no podría dársele mejor nombre; pero a fin de evitar confusión, yo la llamaré "Mente Super-Consciente"". La llamo así porque deseo demostraros lo que a mi juicio constituye la diferencia entre la Mente Super-Consciente y la Subconsciente.

Un pensamiento se os viene a la mente: ¿de dónde procede? ¿De alguna otra mente? Es muy posible. Pero, ¿dónde tuvo su origen? Una moneda, en el curso de su circulación, puede pasar de una mano a otra, pero tuvo so origen en la Casa de Moneda: anteriormente vino de una mina, y en algún tiempo debe haber existido en forma de éter; pero de todos modos el hecho es que aquí está en circulación. De igual manera, nuestros pensamientos pasan de uno a otro, pero eso no nos explica su origen. ¿De dónde vinieron al principio? Viene de la Mente Super-Consciente. Lo que ellos son antes de llegar a la Mente Super-Consciente no lo sabemos, ni tampoco nos importa; lo único importante es que estos pensamientos nos llegan y que demuestran ser los adecuados para elaborar nuestra salud y nuestra felicidad.

La duda paraliza nuestros esfuerzos, y entonces no tratamos de obtener lo que deseamos. Sabemos que el pensamiento afluye a nuestras mentes en una corriente continua, pero nos parece que viniera de cualquier manera, sin obedecer ley alguna.

La idea antigua era, que cada persona tenía cierta dosis de talento o genio, y que más allá de ese límite no podía pasar. La nueva idea, ¡bendita sea!, es que no existe tan mezquina restricción, sino que hay, como si dijéramos, un gran excedente sobre esa medida, el cual suele quedar para siempre no utilizado por la persona que lo desea. No; la idea de la limitación ha sido eliminada; y ya el hombre va conociendo que tiene ante sí abiertas las puertas de esa Reserva Infinita.

Si deseáis intensamente realizar cualquier empresa, sabed que podéis hacerlo, no importa qué edad tengáis, ni cuán deprimida sea vuestra situación. Bastará entonces que abráis vuestra mente a la influencia Super-Consciente y dejéis que afluya a vosotros lo que con vosotros armoniza y que pondrá de manifiesto vuestro poder.

El pensamiento curativo desciende de la mente Super-Consciente, y de aquí el poder de estas bellas palabras: "He aquí cómo el poder curativo emana de nuestro Ser Interno, yendo a refrescar el cerebro enardecido, y llevando la calma a los nervios excitados". Si estás bajo el peso de un dolor intenso, ya sea físico o moral, repetid estas palabras, deseando con vehemencia que el poder curativo descienda sobre vosotros. Y en seguida esperad, esperad con toda fe que así ha de ocurrir. Y cuando haya llegado, sentiréis como sí un ligero rocío cayera suavemente sobre vuestro afiebrado cerebro, y vuestro sistema nervioso disfrutará de una paz indescriptible. Concentrad todos vuestros poderes en el solo esfuerzo de extraer todo lo que necesitéis de esta única Fuente o Reserva. Ella existe dentro de vosotros y también sobre vosotros.

No creáis que porque vuestro cielo mental está gris y pesada su atmósfera hoy, y porque quizás así haya estado por muchos años, deba continuar así siempre. Creedme cuando os digo que podéis entrar en nuevos mundos uno en pos del otro dentro de vuestra propia mente y encontrar que cada uno de ellos es más brillante y hermoso que el anterior. Al penetrar de uno a otro mundo nuevo, en vuestros estados conscientes, miraréis hacia atrás, a vuestro estado actual y os admiraréis de cómo os habéis podido mantener dentro de sus confines. El estado mental en que os encontráis ahora, será para vosotros, algún día la cáscara rota y la contemplaréis con incredulidad diciendo: "¿Es posible que haya salido yo de ahí?".

Como dice Emerson: "nos encontramos delante del gran enigma del mundo, allí donde el Ser pasa a ser apariencia, y la Unidad pasa a ser Variedad".

Empieza a ver un Todo Perfecto, un Bien Perfecto, no importa cuán imperfecta, incompleta y al parecer mala sea la Apariencia. La transición de la oscuridad a la luz es la imagen de la evolución del individuo; de las tinieblas de la ignorancia a la luz de la inteligencia, de la oscuridad del odio a la luz del amor, de la sombra de la desesperación a la luz de la esperanza, de la lobreguez del pesar a la luz de la alegría. El Todo es la suma de sus partes, por lo tanto, veo a todo ser viviente como una proyección del Todo, como una parte del Todo, y recibiendo la vida del Todo. El Todo no solamente es la suma de sus partes, sino sus partes son Él.

Día llegará, si es que no ha llegado ya, en que os veréis cual si procedierais continuamente del Padre. es en este sentido que sois hijos de dios, y no en el sentido del que imagina el cuerpo del hijo separado del cuerpo del Padre. Es de esta manera como Dios, el Padre, mediante continua emanación, se da a Sí Mismo, en sus hijos. Lo único que puede interrumpir esta armonía es el que nosotros no reconozcamos esta verdad. Estamos sólo parcialmente despiertos, respecto al conocimiento de nosotros mismos, pero tenemos que despertar muy luego a un conocimiento mayor, y este despertar nos proporcionará una mayor caudal de vida.

Charles Brodie Patterson hace con mucho acierto esta pregunta: "¿El Movimiento Metafísico ha encontrado su propia alma?". Yo contesto: No. El movimiento metafísico encontrará su alma cuando sus maestros y adherentes encuentren la propia, y no antes. Y, ¿qué entiendo yo por alma? Bien, tal vez pueda definirlo diciendo qué cosa no tiene alma, o más bien dicho dónde no está. la ciencia no tiene alma; la mecánica no tiene alma; el comercio no tiene alma; las matemáticas, la química, la astronomía, tampoco tienen alma. Sólo el intelecto basta para dominarlos. Ahora bien, aunque no podamos definir lo que es el alma, todos sabemos que es algo más elevado y mejor que la mera acción mental.

Toda vida se desenvuelve desde el interior, y todo individuo debe extraer de sí mismo su propia salud, su propia prosperidad, y su propia felicidad. Pero, al mismo tiempo que ocurre este desenvolvimiento interno, el individuo experimenta el influjo de agentes externos. de otra manera el crecimiento sería imposible. la pobreza, la enfermedad y la mala suerte, no son otra cosa que llamamientos para que el Poder Interno se manifieste, y es en este sentido que son buenas.

Elbert Hubbard dice: "Todos somos niños en el Kindergarten de Dios".

Sugerencia
La Autosanación es un AUTOAPOYO por el que todos podemos movilizar la energía interior para actuar de manera benéfica en el cuerpo. Sugiero usar la siguiente metodología dinámica de meditación que he adaptado de postulados de cientistas mentales como lo fue Kate Atkinson Boehme:

Ojos cerrados, estar cómodos, respiración suave. Irse gradualmente hacia lo interno y, en la quietud de lo interiorteniendo la visualizada sensación de esa realidad que uno es, repetir mentalmente de manera pausada:
Soy uno con el Espíritu Infinito de Vida. 

Ahora visualizar el abdomen y “ver” al plexo solar cual un sol que resplandece y nos llena con sus rayos de Energía. Mientras se lo está visualizando repetir:
Soy un Centro Radiante de Salud. 

A continuación visualizar los órganos, tejidos y células y repetir mentalmente esta afirmación:
  
En cada órgano, tejido y célula de mi cuerpo estoy recibiendo Armonía y Salud. 
 
Verse en la pantalla interior como ese centro radiante de Vida, Armonía, Sanación que está conectado con el Espíritu Infinito de Vida y nos hace llegar, mediante el Fluido Vital, sus rayos vivificantes a todo el organismo con la Fuerza-Energía que nos recorre, compenetra y nos hace sentir Bien, Muy Bien y Sanos.

Para finalizar se pueden repetir, como una sola, de manera secuencial las tres afirmaciones:
Soy uno con el Espíritu Infinito de Vida.Soy un Centro Radiante de Salud.En cada órgano, tejido y célula de mi cuerpo estoy recibiendo Armonía y Salud.


Reflexión

Es útil y necesario cambiar una pregunta que para nada nos ha beneficiado al afrontar realidades de la vida en el diario vivir:
¿Por qué a mi?
Borra esta plañidera pregunta de tu mente y pregúntate:
¿Para qué a mi?
Por ti mismo descubre la diferencia entre ambos interrogantes frente a un hecho negativo de la vida que ahora te preocupe.

Debo reconocer que me sorprendió gratamente encontrar hace unos años atrás, en un oscuro rincón de una tienda de libros usados, un librito para nada llamativo, teniendo en su interior los conceptos dejados por la sanadora mental Kate Atkinson Boehme, una joya del Pensamiento por su sabiduría, valor actual y, en especial, por haberlas ella expuesto hace casi 100 años. Representan un Inspirado y moderno Manual del Buen Pensar, lleno de potencias destinadas a activar el subconsciente del lector del presente. Lo otro que me llamó la atención es su énfasis en el SUBCONSCIENTE, al que ella no llamó inconsciente como de manera errada e inconsciente
 lo hizo Freud. La mente es como un iceberg, lo visible representa un 30% que corresponde al nivel consciente o fuente de los pensamientos, por debajo de ese nivel, o SUB, está ese misterioso 70% que rige nuestra vida, llamado subconsciente el depositario del Fluido Vital que nos hace llegar el alma y que él administra más allá del tiempo y del espacio. Como lo destaca Kate, el subconsciente puede ser controlado, para bien o para mal, por el consciente, es decir por nuestro modo de pensar.

Ojalá podamos comprender que la VIDA ES SUEÑO, sueño que se inicia con el que nacer y finaliza con el morir, o el despertar para el alma. Despertar en el que todo lo positivo del sueño es evaluado y enriquecido y en donde lo negativo no tiene cabida. Lo positivo en el alma se manifiesta luego de conocer la oscuridad de la vida y entre sus tinieblas encontrar por uno mismo la Luz; encontrar por uno mismo el Amor entre el odio; el Perdón entre la venganza; la Humildad entre la soberbia; la Sabiduría en la ignorancia.

Acepto e intento destacar en lo que escribo, que la enfermedad es un estado física de desarmonía celular y la Sanación es una acción mental sobre lo físico que ayuda a recuperar el equilibrio celular. Siendo, en la mayoría de los casos, la enfermedad respuesta a una condición mental negativa en un mundo acelerado, caótico que nos lleva hacia lo negativo. Somos occidentales y por algo tenemos un cerebro y una mente occidentalizados, y nuestra sanación está en manos de la Medicina Occidental, lo otro, llamado alternativo no lo acepto como Sanación, sí, si es serio, podría ser un complemento para nuestra medicina, pero no una sustitutiva alternativa. Lo que sí enfatizo es la importancia de la Actitud Mental del paciente frente a su enfermedad, si es positiva ayuda a una más eficiente acción de la terapia médica. No rechazo la realidad que hay sanadores, los menos, muy escasos, que tienen un don que no se hereda ni se enseña, se adquiere por Gracia más allá de los merecimientos mundanos de la persona que lo recibe.

Acepto otra realidad que los menos intentan entender: Lo irreal de lo que consideramos real. Si estás en este instante sentado, lo estás sobre algo sólido y fijo, si caminas lo haces sobre algo sólido y fijo. Sin embargo los físicos te dicen que eso sólido y fijo representa un 99.99% de vacío sustentado en átomos que son un 99.99% de vacío cuya base real sería un 0.01% de una probabilidad matemática en acelerado movimiento. Es decir estas sentado o caminas sobre algo irreal, vacío y en acelerado movimiento. Sin embargo eso para nosotros es sólido e inmóvil y así lo es porque nacemos con la mente programada para que así nos lo haga creer, sentir y apreciar. La Mente Superior dio lugar a esta manifestación que nuestra mente ve como materia, mundo, galaxia, universo, pero que para otra mente más sutil es un INEXISTENTE. Por lo tanto, nuestra mente en alguna medida tiene poder y control sobre eso irreal llamado materia que, a nuestros sentidos, gracias a la mente le permite ser. El principal control de la mente es sobre el propio cuerpo que consideramos real y es parte de la irrealidad. Por lo tanto, controlando la forma de pensar podemos manejar esa irrealidad haciéndola una mejor realidad a servicio nuestro.

Para que haya vida desde el instante en que el alma se hace cargo de un embrión-feto por medio de la mente que le sirve de vehículo intermediario, es necesario el constante e ininterrumpido flujo del Fluido Vital desde el alma hacia la mente, donde actúa con las Potencias de la Luz y el Amor que se ven oscurecidas según sea la evolución de cada individuo. Si se logra Pensar Positivo la Luz y el Amor sellan la puerto de lo denso mental, productor del pensamiento basura y activa lo sutil elaborador del Mejor Pensar, lo que aumenta el poder de la manifestación por medio del cerebro que recibe desde la mente las Potencias de la Fuerza, Energía e Información, la cual, si es positiva ayuda al desarrollo cerebral y, un cerebro más desarrollado permite una mayor expresión mental. Esta Fuerza, Energía e Información que recibe el cerebro a su vez es dirigida a todas y cada una de las células del organismo lo que les permite vivir, y si es positiva, trabajar en armonía. A su vez, toda respuesta exterior si viene con la Potencia de una vibración positiva, al llegar al cerebro y por su intermedio a la mente, por ser positiva por medio de la mente pasa al alma que sólo puede ser sensibilizada por lo sutil  ya que nada de lo denso negativo del plano de la materia para el alma es, y ello por la enorme diferencia de vibración entre lo tan sutil y lo denso. Esto positivo que llega al alma la ayuda a crecer. Por lo tanto SI PIENSAS MEJOR tu alma crece y se desarrolla y acortas con ello los cursos que el alma necesita en la Escuela de la Materia.

Si te preguntas ¿por qué debo entender lo que es la mente?, la respuesta es simple: Para usarla y usarla MEJOR, pues la media diaria de nuestros pensamientos, un acto consciente, representan un 70 % de basura. Saberlo te hace entender que como único programador de la mente que cada uno es, somos un fracaso espantoso. Saberlo nos puede motivar a reforzar el 30% positivo y limpiar el 70% de basura. Esto es lo que llamo REPROGRAMACIÓN MENTAL. Pero no termina acá el cuento, al Reprogramar la Mente actúas de manera cuántica sobre el cerebro dando lugar a una REINGENIERÍA CEREBRAL maravillosa en la cual la Fuerza, Energía e Información de tu mundo interior da lugar, en el cerebro que es del mundo exterior, a la creación, desde la aparente nada, de nueva y mejor materia cerebral, es decir, a un desarrollo cerebral que a su vez permite una mayor y mejor expresión de lo positivo mental. Por eso debemos entender la mente, y por eso lo repito tanto, y no me cansaré de así hacerlo. Esta nueva interacción mente cerebro hace aflorar en uno la realidad del Mundo Interior y lleva a entender la razón de ser y vivir, lo que para los más es una sinrazón de ser y vivir.

El GRAN SANADOR está en uno mismo, en el consciente acto de Pensar en Salud y Armonía, canalizando la Fuerza del Positivo Pensar hacia la específica acción de Sanar, reforzando con ello la terapia médica que estamos recibiendo. Antes de pretender proyectar esta Fuerza Interior hacia los demás, seamos primero capaces de usarla bien en nosotros mismos revirtiendo los efectos en el organismo del negativo modelo de pensamiento que nos hace enfermar. Ayudarse con la AUTOSANACIÓN, es decir con una Actitud mental Positiva frente a la correcta terapia médica que se recibe, favorece la acción de recuperación que nuestro médico inició. Esto es un don natural que está en todos y lo usamos sin darnos cuenta de ello. Ser sanadores de otros mediante la mente ya es otra cosa, es un don que pocos, los menos tienen activado y ese don no se enseña, es decir NO HAY ESCUELA REAL DE SANADORES. El don se manifiesta al ser "tocados" por la varita mágica de un Orden Superior al nuestro, en donde el sanador pasa a ser simple intermediario de ese Orden Superior. Si una ampolleta ilumina tu pieza, no es la ampolleta la fuente de la luz, sólo actúa de agente intermediario y desechable para que la luz se manifieste. Lo mismo sucede con los reales sanadores en los que el don se manifiesta hasta que la vanidad, la ambición y el halago se los hace perder, se les rompe el filamento de la ampolleta de sanación...  y no vuelven a sanar a nadie más. En cambio, usar la mente Pensando Positivo, actuando mediante la Visualización, el Autoapoyo y la repetición de afirmaciones positivas para favorecer al organismo y tener éxito en la vida, a nadie le está vedado intentarlo y lograrlo en la medida de la fe, constancia y anhelo de que sea así.

Modernos investigadores han demostrado que hay reales sanadores que sanan, sin ellos saberlo, mediante su visualización y otros lo logran por una energía que fluye desde sus manos al momento de ayudar a sanar. Pero, y lo recalco, esto sólo sucede con reales sanadores, quizás uno entre mil que afirman serlo por tener algo de éxito (el caso) gracias al efecto Placebo que inducen en el paciente y no porque ellos tengan el Don de sanación. Está científicamente estudiado y demostrado el efecto Placebo en el que una droga que no lo es tal sana a un porcentaje de enfermos que creen que es un real remedio para su mal. Un real sanador debe superar de manera significativa los resultados del efecto placebo si quiere ser reconocido como tal y, a su vez, entre ellos, los menos son notables sanadores, que sí los hay.

La Fuerza Interior que llamo Fluido Vital, la recibe el alma del espíritu y, desde el alma que dio lugar a la mente por su intermedio llega al cerebro. El alma tiene su propia mente que la formó el espíritu y por medio de ella recibe la chispa de vida que el espíritu le hace llegar. El espíritu. emanado desde lo Inmanifestado en DIOS está ligado a la Mente Cósmica Universal, actuando desde lo Manifestado en DIOS, que ES en nosotros y somos en ÉL por ser espíritus emanados de manera increada desde lo Inmanifestado en ÉL hacia SU Creación o lo Manifestado por obra de SU PENSAMIENTO. Cada uno como espíritu vino con una personal y específica misión de vida en las vidas de los diferentes planos de la Creación, siendo lo Creado un algo Ilusorio y Transitorio que tan sólo la mente puede apreciar, en este plano de evolución como realidad.

Lo que interesa que en este Ilusorio Mundo, una realidad para la mente, es que dejemos de vivir ignorando quiénes somos, pues nuestra misión es la de buscar la Respuesta del ¿quién soy yo?, cuya búsqueda se la hace, vida tras vida, de manera errada afuera y, de tumbo en tumbo, de frustración en frustración hasta que llega el día en que uno, por sí mismo logra irse hacia la Realidad Interior. Desde ese día se queda conectado a la Voz del Alma que cada vez, a pesar de la algarabía ensordecedora actual del mundo exterior, se irá haciendo audible y permitiendo que uno de lugar a la Reprogramación Mental con su consiguiente Reingeniería Cerebral y, la actual mutación positiva en el genoma celular que nos va llevando desde lo humano a lo suprahumano, de hombre a superhombre, dando la nota del Cambio que lo será, no por nosotros, sino que por Gracia del Enviado que llega... Cabe la pregunta: ¿Si afuera no has encontrado lo que buscas, por qué insistes y no vas al lugar adecuado? ¿Por qué no inicias ya la Gran Aventura del autoconocimiento y la búsqueda de la Verdad en ti mismo, olvidando, en todo orden de cosas, a tanto opinólogo que ahora prolifera? Para ti, la única opinión válida es la que desde lo interno te llega... pues la recibes mediante el DISCERNIMIENTO.


Dr. Iván Seperiza Pasquali

Extraído http://mundomejorchile.com/R29.html

miércoles, 15 de abril de 2015

SENTIR ES EL SECRETO de NEVILLE


Capítulo 1 – La Ley y Su Operación
libro, son 4 capítulos sólo

EL MUNDO, y todo dentro de él, es la conciencia del hombre condicionada y objetivada. La conciencia es la causa así como la sustancia del mundo entero. Entonces es a la conciencia a quien debemos dirigirnos si queremos descubrir el secreto de la creación.

 El conocimiento de la ley de la conciencia y el método de operar esta ley te permitirá lograr todo lo que desees en la vida. Armado con el conocimiento de cómo funciona esta ley, puedes construir y mantener un mundo ideal. La conciencia es la única y sola realidad, no figurativamente sino realmente. Para explicarlo más claro, esta realidad puede ser comparada con un flujo que se divide en dos partes, el consciente y el subconsciente. Para operar inteligentemente la ley de la conciencia es necesario entender la relación entre lo consciente y lo subconsciente. Lo consciente es personal y selectivo; lo subconsciente es impersonal y no selectivo. Lo consciente es el reino del efecto, lo subconsciente es el reino de la causa. Estos dos aspectos son las divisiones masculina y femenina de la conciencia. El consciente es masculino; el subconsciente es femenino. El consciente genera ideas e imprime estas ideas en el subconsciente; el subconsciente recibe ideas y les da forma y expresión. Por esta ley primero concibiendo una idea y luego imprimiendo la idea concebida en el subconsciente todas las cosas evolucionan de la conciencia; y sin esta secuencia no hay nada hecho que sea hecho. El consciente imprime en el subconsciente mientras el subconsciente expresa todo lo que se le imprime. El subconsciente no origina ideas pero acepta como verdaderas aquellas que la mente consciente siente como verdaderas y de una manera que sólo el subconsciente conoce éste objetiva las ideas aceptadas. Por lo tanto, a través de su poder para imaginar y sentir y su libertad para elegir la idea que abrigará, el hombre tiene control sobre su creación. El control del subconsciente se logra a través del control de tus ideas y sentimientos.

El mecanismo de creación está escondido en la misma profundidad del subconsciente, el aspecto femenino o la matriz de la creación. El subconsciente trasciende la razón y es independiente de la inducción. Contempla un sentimiento como un hecho existiendo dentro de mismo y al asumir esto procede para darle expresión. El proceso creativo comienza con una idea y su ciclo corre su curso como sentimiento y termina en una voluntad de actuar. Las ideas son impresas en el subconsciente a través del medio del sentimiento. Ninguna idea puede ser impresa en el subconsciente hasta que es sentida, pero una vez que es sentida sea buena, mala o indiferente debe ser expresada. Sentir es la única y sola manera a través de la cual las ideas son expresadas al subconsciente. Por lo tanto, el hombre que no controla sus sentimientos puede imprimir fácilmente al subconsciente con estados indeseados. Por controlar los sentimientos no quiero decir reprimir o suprimir los sentimientos, sino más bien disciplinarse a uno mismo para imaginar y abrigar sólo tales sentimientos que contribuyan a su felicidad. El control de los sentimientos es muy importante para una vida plena y feliz. Nunca abrigues un sentimiento indeseado ni apoyes ningún perjuicio de ninguna forma. No te concentres en tus imperfecciones o en las de los demás. De otra manera estarás imprimiendo al subconsciente con estas limitaciones. Lo que no quieres que te hagan, no sientas que te lo hacen a ti o a otro. Esta es la ley completa de (para) una vida plena y feliz. Todo lo demás es palabrería.

Cada sentimiento hace una impresión subconsciente que debe ser expresada, a menos que sea contrarrestada por un sentimiento más poderoso de una naturaleza opuesta. El que domina de dos sentimientos es el que se expresa. Soy sano es un sentimiento más fuerte que seré sano. Sentir que seré es confesar que no lo soy; Yo soy es más fuerte que no lo soy. Lo que sientes que eres siempre domina lo que sientes que te gustaría ser; por lo tanto, para que el deseo se realice debe sentirse como un estado donde ya es [una realidad], en lugar de un estado donde no lo es. La sensación precede a la manifestación y es la fundación sobre la cual toda manifestación descansa. Se cuidadoso de tus estados de ánimo y sentimientos, porque hay una conexión irrompible entre tus sentimientos y tu mundo visible. Tu cuerpo es un filtro emocional y soporta las marcas inconfundibles de tus emociones predominantes. Los disturbios emocionales, especialmente las emociones suprimidas, son las causas de toda enfermedad. El sentimiento intenso con respecto a algún perjuicio sin verbalizarse o expresarse, es el comienzo de las enfermedades tanto en el cuerpo como en el ambiente. No abrigues el sentimiento de arrepentimiento o fracaso porque la frustración o desapego de tu objetivo resulta en enfermedad.

 Piensa sintiendo solo en el estado que deseas realizar. Sentir la realidad del estado buscado y vivir y actuar desde esa convicción es la manera de todos los aparentes milagros. Todos los cambios de expresión se traen a través del cambio de sentimiento. Un cambio de sentimiento es un cambio de destino. Toda creación ocurre en el dominio del subconsciente. Lo que debes adquirir, entonces, es un control reflexivo del funcionamiento del subconsciente, es decir, el control de tus ideas y sentimientos. El azar o accidente no es responsable por las cosas que te ocurren, ni el destino predestinado es el autor de tu fortuna o tu desgracia. Las impresiones de tu subconsciente determinan las condiciones de tu mundo. El subconsciente no es selectivo; es impersonal y no respeta a las personas. El subconsciente no se preocupa por la verdad o falsedad de tu sentimiento. Siempre acepta como cierto aquello que tú sientes como verdadero. El sentimiento es el consentimiento del subconsciente respecto a la verdad de aquello que es declarado verdadero. Por esta cualidad del subconsciente no hay nada imposible para el hombre. Lo que sea que la mente de un hombre pueda concebir y sentir como verdadero, el subconsciente puede y debe objetivar. Tus sentimientos crean el patrón desde el cual tu mundo es creado y un cambio de sentimiento es un cambio de patrón.

El subconsciente nunca falla en expresar aquello que se le imprime. En el momento en que recibe una impresión comienza a elaborar las formas de su expresión. Acepta el sentimiento impreso en él, tu sentimiento, como un hecho existiendo dentro de sí mismo e inmediatamente comienza a producir en el mundo exterior u objetivo lo que se asemeja exactamente a ese sentimiento. El subconsciente nunca modifica las creencias que el hombre acepta. Las expresa hasta en su último detalle ya sean beneficiosas o no.

Para imprimir el subconsciente con el estado deseable debes asumir el sentimiento que sería tuyo si ya hubieras realizado tu deseo. Al definir tu objetivo debes concernirte sólo con el objetivo mismo. La forma de expresión o las dificultades involucradas no deben ser consideradas por ti. Lo que se piensa con sentimiento en cualquier estado se imprime en el subconsciente. Por lo tanto, si te concentras más que nada en las dificultades, barreras o retrasos, el subconsciente, por su naturaleza no selectiva, acepta el sentimiento de dificultades y obstáculos como tu petición y procede a producirlos en tu mundo exterior.

El subconsciente es la matriz de la creación. Recibe la idea en sí mismo a través de los sentimientos del hombre. Nunca cambia la idea que recibe, pero siempre le da forma. Por lo tanto, el subconsciente expresa la idea a imagen y semejanza del sentimiento que recibe. Sentir un estado de desesperanza o imposibilidad es imprimir al subconsciente con la idea de fallar. Aunque el subconsciente le sirve al hombre fielmente no se debe deducir que la relación es la de un sirviente a su maestro como se concebía antiguamente. Los profetas antiguos lo llaman el esclavo y sirviente del hombre. San Pablo lo personificó como una mujer y dijo: “La mujer debe estar sujeta al hombre en todo. El subconsciente sirve al hombre y fielmente le da forma a sus sentimientos. Sin embargo, el subconsciente tiene un disgusto distintivo por la compulsión y responde a la persuasión en lugar de al comando; consecuentemente, se parece a la esposa amorosa más que al sirviente.

El esposo dirige a la esposa. (Eph. 5), puede no ser cierto del hombre y la mujer en su relación terrestre pero es cierto del consciente y el subconsciente, o de los aspectos masculino y femenino de la conciencia. El misterio al cual Pablo se refería cuando escribió, Este es un gran misterio... Aquel que ama a su esposa se ama a sí mismo... Y ellos dos han de ser uno en la carne. Es simplemente el misterio de la conciencia. La conciencia es realmente una e indivisa pero por el bien de la creación parece estar dividida en dos.

 El consciente (objetivo) o aspecto masculino verdaderamente es la cabeza y domina al subconsciente (subjetivo) o aspecto femenino. Sin embargo, este liderazgo no es ese del tirano sino del amante. Entonces al asumir el sentimiento que sería tuyo si ya estuvieras en posesión de tu objetivo, el subconsciente se motiva para construir lo que se asemeje exactamente a tu asunción. Tus deseos no son aceptados subconscientemente hasta que asumes el sentimiento de su realidad, porque sólo a través del sentimiento es una idea aceptada subconscientemente y sólo a través de esta aceptación subconsciente puede ser expresada alguna vez.

 Es más fácil atribuirle tu sentimiento a eventos en el mundo que admitir que las condiciones del mundo reflejan tu sentimiento. Sin embargo, es eternamente cierto que el exterior refleja lo interior. Como es adentro es afuera. Un hombre no puede recibir nada a menos que le sea dado desde el cielo. Y El reino de los cielos está dentro de ti. Nada viene de afuera; todas las cosas vienen de adentro – del subconsciente. Es imposible para ti ver otra cosa que los contenidos de tu conciencia. Tu mundo en cada detalle es la conciencia objetivada. Los estados objetivos son testigos de las impresiones del subconsciente. Un cambio de impresión resulta en un cambio de expresión.

El subconsciente acepta como verdadero aquello que tú sientes como verdadero y debido a que la creación es el resultado de las impresiones del subconsciente, , por medio de tus sentimientos, determinas la creación. Ya eres aquello que deseas ser, y tu negativa a creer esto es la única razón por la que no lo ves. Buscar en el exterior por aquello que no sientes que eres es buscar en vano, porque nunca encontramos aquello que deseamos; encontramos sólo aquello que somos. Resumiendo, expresas y tienes sólo aquello de lo que eres consciente de ser o poseer. Al que tiene se le da. Negar la evidencia de los sentidos y apropiarse del sentimiento del deseo cumplido es la manera para la realización de tu deseo.

La maestría del dominio de ti mismo sobre tus pensamientos y sentimientos – es el mayor logro. Sin embargo, hasta que este dominio de ti mismo se alcance a la perfección, de modo que en lugar de apariencia sientas todo lo que deseas sentir, usa el sueño y la oración para ayudarte en realizar tus estados deseados. Estas son dos puertas de enlace hacia el subconsciente.         



viernes, 6 de marzo de 2015

LA NECESIDAD DEL DOLOR de PRENTICE MULFORD (1834-1891)


En la presente época de la vida de nuestro planeta, apenas si puede nadie escapar enteramente a la acción de las enfermedades corporales. Pero hay dos maneras distintas en absoluto de tratar mentalmente esos estados del cuerpo que llamamos dolencias. La mejor manera consiste en desear formalmente que arraigue cada vez con mayor fuerza en nuestra mente la convicción y la fe de que todo dolor y toda enfermedad, de cualquier naturaleza que sea, no es más que el resultado de los esfuerzos que el espíritu hace para purificarse o para arrojar fuera del cuerpo todo lo que le molesta o dificulta su acción elevadora.

Conviene repetir y grabar en la mente tan hondo como sea posible la idea de que nuestro espíritu es una cosa, y otra cosa muy distinta nuestro cuerpo; que nuestro espíritu es un poder que va creciendo incesantemente, a través de las incontables edades, y que nuestro cuerpo no es más que un instrumento suyo, del que hace uso en las fases de su existencia terrena.

Todos estamos inclinados a dejarnos llevar inconscientemente por las viejas creencias en que hemos sido educados, según las cuales tan sólo existimos realmente en nuestro cuerpo físico, cuando es lo cierto que, sin el espíritu, el cuerpo no es más que una simple máquina sin nada que la mueva.

Una creciente comprensión de que el espíritu y el cuerpo son dos realidades, y dos realidades muy distintas la una de la otra, y que el espíritu es la única fuerza capaz de mover y de poner en acción el cuerpo, será para el propio espíritu una magnífica ayuda para poder obrar favorablemente sobre el cuerpo y dedicarse día a día a la reconstitución de sus elementos vitales.

La segunda manera, perjudicial siempre y de pésimos resultados, consiste  en mantenernos firmes en la creencia de que no somos más que un cuerpo físico, que es el cuerpo el único que puede estar enfermo, que su curación depende tan sólo de remedios materiales, y que si persiste su estado de debilidad o de enfermedad se debe tan sólo a que no se halla la manera de combatirla eficazmente, sin pensar nunca que pueda ser  el medio por el cual se expulsan y echan fuera del cuerpo grandes cantidades de elementos físicos que por haber caído en el estado de inercia o de muerte no pueden ya ser utilizados por el espíritu. Esto indica completa ignorancia de la existencia del espíritu, y esta ignorancia acrece la intensidad y la mortalidad de las enfermedades corporales, hasta que por último nuestro verdadero y único poder, el espíritu, se hace incapaz de sostener más tiempo un cuerpo medio muerto, y al fin lo abandona, como quien se aligera de una carga excesivamente pesada; a este acto del espíritu es a lo que llamamos muerte, y no es en realidad más que el abandono por el espíritu de una carga con la que ya no podía.

Existen hoy en el mundo, en torno de nosotros, muchísimas personas que viven así medio muertas, o sea, dicho con otras palabras, que sus espíritus no pueden dar vida más que a la mitad de su cuerpo. Tantas y tantas personas como vemos por esas calles que, apenas llegadas a los sesenta años, andan encorvadas de espaldas, o vacilantes o tienen debilitados en exceso sus sentidos corporales, son verdaderos ejemplos vivos de que la mente que ha hecho uso de tales cuerpos está en la más completa ignorancia de que posea poder suficiente para recuperar y regenerar ese mismo cuerpo, mientras que ahora este poder, precisamente por haber creído todo lo contrario, se ha empleado nada más que en la destrucción del propio cuerpo. Porque, cuando la mente se afirma en la creencia verdadera, el cuerpo sale de toda prueba gradualmente purificado, con fructíferas energías y más fuerte que nunca. En el sentido físico, podemos decir que ha ganado juventud en lugar de haber envejecido.

Procuremos también inculcar esta idea en aquellos que nos rodean, pues esto contribuirá a aligerar nuestros males físicos, ya que al cambiar mucho o poco la actitud de sus mentalidades, abrimos una puerta para que la parte más elevada de nuestro YO pueda ejercer su acción benéfica sobre el cuerpo.  La creencia en esta verdad pone a la mente en condiciones de dominar cada vez más al cuerpo, dominio que ha de acabar por liberar al cuerpo de toda clase de dolores. Las pruebas o dolores físicos por los cuales hemos de pasar actualmente, no es necesario que se prolonguen durante todo el proceso de nuestra purificación y refinamiento. Las primeras pruebas son siempre las más duras, pues a medida que el espíritu vaya fortaleciendo su fe en estas verdades, las cuales cada día verá demostradas más palpablemente, el cuerpo pasará por las pruebas que han de ir acreciendo el poder del espíritu cada vez con menos dolor.

A cada nuevo elemento de verdad que el espíritu se incorpore, el cuerpo sufrirá un cambio favorable. Nuestros músculos, nuestra sangre y nuestros huesos son la expresión material y la física correspondencia del orden de pensamientos que en nosotros prevalece. Opérese un cambio en nuestro estado mental y en seguida un cambio correspondiente se operará en las cualidades de la materia visible que forma nuestro cuerpo. Si lo que constituye la parte invisible de nuestra personalidad ha cambiado, ha de cambiar forzosamente la parte visible, pues ambas siempre se corresponden.

Y cambios tales, en límites más o menos extensos, se están continuamente operando en nuestra vida cotidiana. Dese a una persona una buena noticia o bien hágasele la promesa de que obtendrá alguna mejora en su situación, y enseguida se operará en su cuerpo un cambio bien manifiesto; sus ojos brillarán con más intensidad, sus músculos cobrarán vigor y fuerza y cada uno de sus movimientos será más firme y resuelto. No es tan sólo que un nuevo elemento mental haya ejercido su acción sobre ese cuerpo, sino que al propio tiempo se ha asimilado también nuevos elementos materiales. Por el contrario, otras veces penetra en el cerebro súbitamente una idea de terror, y tan cierto es que esos elementos mentales actúan sobre el cuerpo y entran en su composición material que, como habremos podido ver muchísimas veces, al recibir una mala noticia los rostros se tornan pálidos, las rodillas de doblan, la debilidad sucede a la fuerza, la digestión se interrumpe, la sensibilidad desaparece algunas veces en absoluto, los cabellos se ponen blancos en el espacio de pocas horas y aun ha sobrevenido en ciertos casos la muerte instantánea.

El aterrador grito de ¡Fuego!, lanzado en medio de un teatro lleno de gente, o un buen grito de alarma cualquiera que se da en una gran reunión de personas, desarrolla fuerzas y elementos que obran primeramente sobre la mentalidad de hombres y mujeres, para obrar en seguida sobre sus propios cuerpos, elementos y fuerzas que, si bien invisibles, son reales y positivos, como son positivos ciertos gases o vapores, invisibles también, que demuestran su existencia tan sólo por los fatales resultados que producen.

Todo dolor viene del esfuerzo que hace el espíritu para filtrar nueva vida a una parte cualquiera del cuerpo que momentánea o constantemente carece de ella, o bien puede igualmente resultar del esfuerzo hecho por el espíritu para arrojar fuera del cuerpo aquellos elementos materiales ya inservibles, para poner en su lugar otros llenos de vida nueva. Y cuando cesa el espíritu en sus esfuerzos, viene el término de todo dolor y se produce la insensibilidad, que es el anuncio de la muerte del cuerpo.

Cuando sea la enfermedad considerada como lo que llamaremos aquí la verdadera terapéutica, la vida del hombre tomará un aspecto enteramente nuevo. La vida del cuerpo será mirada entonces como una serie no interrumpida de renacimientos físicos, constantemente purificándose sus elementos materiales y siendo cada uno de esos renacimientos menos penosos que el precedente, hasta que por fin estos cambios vendrán ya tan sólo acompañados por un período de languidez o de inactividad física. Diciéndolo con otras palabras, podemos afirmar que el espíritu se está formando constantemente  el cuerpo según su propia imagen, hasta que llega a convertirse en el perfecto instrumento para la exteriorización de sus deseos, en cuyo caso cuerpo y espíritu quedan perfectamente unidos, no son más que uno solo.

El espíritu que acepte, siquiera de un modo implícito, los viejos errores que mantienen atrasada a la humanidad, no hay duda que se pondrá enfermo, por muy fuerte y resistente que sea el cuerpo de que se sirva, y cuando el espíritu enferme acabará por enfermar también el cuerpo. Pero si el espíritu, despierto ya, se rehúsa a aceptar esos viejos errores y aun desea poder llegar a descubrir y rechazar todo otro error del cual no tenga todavía conocimiento, podemos afirmar que el espíritu se halla relativamente sano y puesto en camino de adquirir cada día mayor cantidad de fuerzas, que es lo mismo que salud, aunque en realidad pueda el cuerpo sufrir grandes postraciones en las épocas de cambio o renovación de elementos, cambios que se producen siempre al adquirir condiciones mentales de mayor elevación que las anteriores. Pero estos períodos de dolencia física acaban siempre por traernos una más perfecta salud, debido a que, cuando la mente sigue la buena y recta dirección, impulsa al cuerpo para que la siga, del mismo modo que cuando la mente vaga en la ignorancia, sin noción siquiera de que ella constituya ya en realidad el poder que ha de guiar al cuerpo, acepta ciegamente los errores que el mismo cuerpo, en cierto sentido, le enseña, y emplea todas sus fuerzas en seguirlos y en aumentarlos todavía. L cuerpo dominado y dirigido por una mente semejante, estará siempre enfermo, y enfermo de las peores enfermedades, hasta que al fin caerá destruido por ellas. El cuerpo dominado y dirigido por una mente que sigue la buena dirección, que tiene una fe creciente en su propio poder, con lo cual aumenta cada día sus fuerzas, podrá ciertamente sufrir enfermedades y dolores, pero su espíritu saldrá de todas estas pruebas purificado y fortalecido, con más fuerzas que nunca para resistir toda clase de males y evitarse la absorción de elementos mentales inferiores emitidos por entes muy atrasados todavía, absorción peligrosa para toda clase de personas muy sensibles e inagotable fuente de males sin cuento.

En muchísimos casos el espíritu es llevado a anidar en un cuerpo con el cual habrá de vivir constantemente en guerra, y es que ese cuerpo puede venir ya al mundo argado con una especie de segunda mentalidad, procedente tal vez de muy bajos y rastreros elementos mentales absorbidos durante las épocas de la gestación, de la infancia o de la juventud; y esta mentalidad de naturaleza tan inferior puede dominar al cuerpo durante muchos años, y aun quizá durante la vida entera, mientras que el YO verdadero, el espíritu o mente superior, podrá tan solo ejercer su influencia sobre una sola parte del cuerpo, y nada más que en ciertos períodos que le sean favorables, al paso que la mentalidad inferior domina casi de continuo el cuerpo con sus bajos y groseros deseos. Y es que las corrientes mentales inferiores, todo carne, dominan fácilmente en este plano de la existencia, y dificultan la acción de las corrientes mentales más elevadas poniéndoles obstáculos y fuertes barreras.

De manera que hasta el espíritu que trabaja para la preservación de su cuerpo actual puede sufrir grandes dolores y enfermedades, lo cual proviene de la guerra entablada entre el espíritu y el cuerpo. El espíritu busca la manera de poner el cuerpo en perfecta concordancia consigo mismo y prueba de arrojar fuera de él todos los viejos pensamientos de muerte en que ja sido educado. Pero el cuerpo resiste, el cuerpo posee una individualidad propia y desea conservarla, y en los esfuerzos que hace el espíritu siente, no tan sólo una especie de intrusión en esa individualidad, sino también un ardoroso deseo de destruirla para siempre. Y éste es el caso en que actualmente nos hallamos. Si la individualidad del cuerpo está hecha de errores y de  mentiras no puede prevalecer, ha de ser forzosamente destruida, pues nada puede durar eternamente sino lo que está fundado en la verdad. La enfermedad, pues, no es más que un medio para la renovación de las partes viejas del cuerpo, del mismo modo que construimos a veces una pared nueva aprovechando algunos de los restos de la vieja, añadiéndole, empero, algunos materiales sanos, y así acabamos por levantar finalmente una pared realmente nueva.

No hay nada nuevo bajo el sol, pero existen innumerables cosas que ahora son desconocidas y que serán para nosotros, cuando las conozcamos, en realidad nuevas. Hemos llegado apenas a tocar el borde de nuestra verdadera vida, y sabemos muy poco acerca de lo que significa vivir.

No nos es posible apoderarnos de lo nuevo todo de una vez; la verdad no podemos recibirla más que a pequeñas dosis, pues una gran claridad hecha súbitamente es capaz de dejarnos ciegos; una súbita y no esperada revelación de las posibilidades de la vida sería causa de cambios físicos también excesivamente súbitos, capaces de producir un verdadero desequilibrio entre el espíritu y el cuerpo, y aun capaz de destruir inopinadamente este último. El abandono de los elementos viejos para ser reemplazados por otros nuevos debe ser obra de un proceso perfectamente graduado. Sucede lo mismo que con la digestión; demasiados alimentos tomados de una sola vez perturban las funciones del estómago y muchas veces le causan grandes dolores. Querer apoderarse de golpe de un excesivo número de ideas nuevas es lo mismo que poner el vino nuevo en botellas viejas; estas botellas viejas representan el cuerpo ya gastado y decrépito, y el vino son los pensamientos nuevos o verdades recientemente adquiridas. Toda idea es una fuerza, y no conviene que el cuerpo reciba mayor cantidad de fuerza de la que pueda buenamente apropiarse, pues corre el peligro de que la excesiva fuerza antes contribuya a la destrucción del cuerpo que a su conservación.

Las ideas verdaderas y nuevas producen en nuestro cuerpo un cambio de substancia física, en virtud del cual la sangre, los huesos, los músculos y los nervios se fortalecerán y se harán más resistentes.

Un niño engendrado en la creencia de que el cuerpo físico y nada más constituye su verdadero YO, y que detrás de ese cuerpo no hay ninguna clase de poder, llegando hasta negar la existencia de este poder, el cual, no obstante, a ser bien conocido y a estar dirigido rectamente, es capaz de rehacer este mismo cuerpo físico tantas veces como quiera, apropiándose de nuevos elementos materiales cada vez más puros y más fuertes; este niño –y hay muchos como él entre nosotros- no tan sólo tiene en sí mismo lo que podría llamarse la semilla de toda enfermedad, sino que, debido a su completa ignorancia, combinada con la ignorancia de las mentalidades que lo rodean, dirige casi todo el poder de su espíritu por los peores caminos, alimentando y fortaleciendo toda clase de enfermedades, hasta que finalmente llega a hacer su propio cuerpo inhabitable para el espíritu.

Ésta es una condición o cualidad mental que, más o menos, a todos nos afecta, y algunas veces es llamada la mentalidad inconsciente. Ésta, en el fondo, está constituida por la creencia en el error, en el error que tal vez hemos absorbido de otros hombres durante la infancia y la juventud, error que nunca nos hemos tomado la pena de examinar y el cual ciegamente hemos ido convirtiendo en nuestra propia creencia, casi sin saber que creíamos en él. Y esta creencia, naturalmente, nos afecta con tanta mayor fuerza cuanto más consciente es en nosotros.

En ese error inconsciente viven hoy todavía muchos millares de hombres jóvenes, fuertes y sanos, en la más completa posesión de su vigor y de su fuerza muscular, los cuales, sin embargo, creen que al llegar a la edad de los cincuenta años su vigor de ahora empezará a decaer, y que entre los sesenta y los setenta años alguno de los males que son herencia de la carne se apoderará necesariamente de ellos, acabando a la postre con su cuerpo, lo cual engendra su consciente creencia en la enfermedad y en la muerte. Decirles a estos jóvenes seriamente que tiempo vendrá en que el superior conocimiento del hombre le permitirá mantener en buen estado su cuerpo tan largo tiempo como le plazca y en condiciones de vitalidad siempre mejores, sería lo mismo que atraernos su burla o bien provocar en ellos esa obstinada incredulidad que no permite ni por un momento siquiera considerar una idea nueva como verdadera posibilidad.

Nada es más peligroso que permanecer en ese estado mental en virtud del que rechazamos de plano, sin dar lugar a reflexiones de ningún género, toda idea nueva o desconocida, juzgándola fuera de razón o digna tan sólo de un visionario. Éste es el mismo estado mental que hizo despreciar y aun rechazar el vapor y la electricidad durante los primeros tiempos de su descubrimiento; y es también el mismo que convierte en una simple rutina la ocupación que nos es habitual, haciéndonos girar toda la vida en torno de ella, sin dejarnos avanzar nunca un solo paso hacia una vía mejor y más nueva; y es, por fin, la condición mental que nos lleva con toda seguridad a la fosilización más completa del cuerpo y de la mente.

En su inmensa mayoría, las personas se hallan actualmente presas en la idea de que tal como se ha desarrollado la vida física de la humanidad en el pasado, así mismo exactamente debe desarrollarse en lo futuro, y que por fuerza ha de pasar por los tres períodos de juventud, madurez y decaimiento. Esta tan firme creencia, nacida con cada uno de nosotros, hace ciertamente inevitables, esas tres fases subsiguientes de la vida física y cierra la puerta por donde podrían venirnos nuevos poderes, nuevos y más poderosos modos de acción.

La carne no es heredera de ninguna clase de males, salvo aquellos que le son legados por la ignorancia del espíritu. Una vez puesto el espíritu en el camino de la verdad, ya no podrá legar a la carne más que elementos de vida sempiterna.

Algunos de mis lectores quisiera preguntarme, sin duda, en qué consisten los errores inconscientes en que incurren millares de hombres a la vez; y este mismo lector quizá recuerde conocer a cierto charlatán o embustero que por miles y miles de personas es considerado un grande hombre. Quizá sepa también de algún sistema educativo que no es más que un cúmulo de falsedades y de ciegas rutinas, el cual, sin embargo, es tenido por la gente como perfecto. Quizá, finalmente, la guerra que dos naciones se han declarado le parecerá a mi lector una verdadera e inmensa idiotez, mientras que muchos millares de personas la aceptarán como una necesidad política tan sólo porque desde la infancia ha sido trompeteado el sonido de esas dos palabras en torno de él y se le ha fijado indeleblemente en el cerebro. Cada uno de nosotros sabe muy bien que existen ciertos usos y costumbres no tan sólo perfectamente inútiles, sino hasta muy perjudiciales, a pesar de lo cual van perpetuándose de generación en generación, sin que la gente se tome la molestia de hacer al respecto un examen más o menos detenido.

La crueldad que demuestra el hombre con toda clase de animales grandes y pequeños, matándolos y mutilándolos nada más que por mera distracción, como así mismo cuando aprisiona toda clase de bípedos y cuadrúpedos, condenando a los habitantes de la selva, del monte o de los aires a una vida de esclavitud, siempre enfermiza, sólo por darse el insano gusto de poderlos contemplar libremente en sus tristísimos encierros, es una nueva demostración de la inconsciencia de nuestra raza por los grandes daños e injusticias que comete, los cuales aún se atreve a proclamar cosas buenas y justas.
La baja estimación en que la mujer es tenida por gran número de hombres, y la indiferencia con que la misma mujer lo acepta sin protestar de ello, a lo cual se añade que muchos hombres no la consideran sino como un simple juguete de placer o como una mera conveniencia; la ignorancia y, por tanto, la negación en que incurren muchos hombres acerca de los verdaderos poderes de la mujer, que resultan, sin embargo, iguales a los del hombre, constituyendo, cuando es rectamente comprendida y dirigida, un factor de la mayor importancia en la consecución de todo gran éxito, no son sino inconscientes, errores que no hacen más que atraer numerosos y gravísimos males sobre millares y millares de hombres esparcidos por toda la tierra.

La ignorancia casi en absoluto dominante de que el pensamiento es una fuerza que puede obrar aun a muchas millas de distancia del cuerpo de donde ha surgido; el hecho de que la inmensa mayoría de los hombres ignore que todo pensamiento o idea es como un imán invisible que ha de atraernos, en substancia material, lo que aquella idea representa; la general creencia de que nada importa lo que pensemos mientras no digamos a nadie nuestro pensamiento; la ignorancia de que cuanto pensemos de los otros o de nosotros mismos puede tener algo que ver con nuestra salud o nuestra enfermedad, con nuestra fortuna o nuestra miseria; el desconocimiento de que mediante la asociación con mentalidades inferiores a la propia podemos irnos hundiendo inconscientemente en los abismos de la miseria física y aun de la miseria espiritual, pues nada nos perjudica tanto como la absorción de elementos mentales inferiores, la incredulidad acerca de que todo ser ha vivido en el pasado otras muchas vidas físicas y que ha de vivir en lo futuro aún muchas más, encarnado o sin encarnar; todo esto no constituye sino una pequeña parte de los inconscientes errores que prevalecen en torno de nosotros. En virtud del deseo mental de ir adquiriendo cada día nuevas verdades y mayores luces, toda prueba corporal contribuye a la destrucción más o menos lenta de los errores señalados y de muchísimos otros, los cuales, mientras tengan asiento en nuestra mentalidad, habrán de traernos inevitablemente toda clase de dolores y de grandes miserias.

“La verdad nos hará libres”, se dice en los textos bíblicos, y así es ciertamente. La verdad nos libertará de todas las variadísimas formas que toma el sufrimiento moral o físico; y cuando el Espíritu divino domine completamente dentro de nosotros, entonces habrán dejado para siempre de brotar lágrimas de los ojos de los hombres.

Recuérdese ante todo que dar el necesario descanso al cuerpo y al espíritu, juntamente, constituye el más abundante manantial de fuerzas y el medio más seguro de recuperar energías perdidas. Si la mente descansa, el cuerpo también descansa.

Existe una ciencia del descanso. Una parte de esta ciencia consiste en saber olvidar cuanto antes ciertas preocupaciones y desviar el pensamiento de cuestiones que nos roban la mayor parte del tiempo, con la mira de recuperar energías y dar nuevas fuerzas a los departamentos del cerebro que por una causa cualquiera han trabajado más tiempo y con mayor intensidad de lo debido.