jueves, 22 de agosto de 2013

LA HERMANDAD BLANCA

Lección 6

LA HERMANDAD BLANCA


La mayoría de los estudiantes que entran por primera vez al sendero del ocultismo han oído hablar de la Hermandad Blanca. Sin embargo pocos pueden indicar con precisión en qué consiste esta Organización, ya que nada saben de los seres que la componen, de la realidad de su existencia, ni del servicio que prestan a la humanidad a objeto de colaborar con el desarrollo del Plan Divino. El principal propósito de esta lección es aclarar conceptos y malentendidos acerca de este muy importante aspecto de la Teosofía, del cual todo serio estudiante de ocultismo debe estar apropiadamente informado.

“Hermandad Blanca” es el nombre que la ciencia oculta ha dado a aquel grupo de seres humanos quienes, habiendo concluido su evolución humana individual, han resuelto sin embargo continuar encarnando en el planeta para promover la evolución de la vida y guiar – dentro de lo permitido por la Ley Cósmica – el proceso evolutivo de la humanidad. Habiendo ya transitado el mismo sendero que los seres humanos recorremos en la actualidad, marcado por el error y la imperfección, han concluido su jornada al lograr la meta final de la evolución humana: el adepto, o ser humano perfecto, aquel a quién la vida planetaria física ya no tiene más lecciones que enseñar y que, en virtud de ello, ha obtenido su completa emancipación de las limitaciones impuestas por las leyes cósmicas. Respondiendo a su expreso deseo, la mayoría de los ocultistas se refieren a ellos como los Hermanos Mayores de la humanidad.

Hagamos un poco de historia acerca de cómo llegó el mundo occidental a tener conocimiento de la existencia de estos insignes Seres. En 1875, aquella notable ocultista, Helena P. Blavatsky, enunció la existencia de cierta hermandad de Adeptos que trabajan en aras del progreso evolutivo de la humanidad. En el oriente, especialmente entre hindúes y budistas, la existencia de estos Maestros es ampliamente conocida y aceptada; no parece haber sin embargo entre la gran mayoría de los fieles de tales religiones un conocimiento cabal acerca de los Mahatmas (nombre con el cual se les distingue en la India) ni en sus áreas de actividad, conocimiento probablemente reservado solo para quienes estudian los aspectos esotéricos del hinduismo y el budismo.
En 1880, un periodista británico de gran prestigio radicado en India, Alfred Percy Sinnett, editor de la revista “El Pionero”, fue autorizado, mediante la agencia de Madame Blavatsky, para entrar en correspondencia personal con algunos miembros de la hermandad. Este contacto epistolar (publicado posteriormente bajo el título “Cartas de los Mahatmas a A.P. Sinnett”, editado por Trevor Barrer) duró cuatro años (1880 – 1884) conteniendo una dispensa de conocimiento oculto de considerable volumen. En adición a su trabajo como editor de “El Pionero”, donde escribió extensamente en relación con esta nueva dispensa, el Sr.Sinnett publicó dos libros: “Budismo Esotérico” y “El Mundo Oculto”, en los cuales comenta en detalle sobre las ideas postuladas por sus corresponsales ocultos.

Por su parte, Madame Blavatsky contribuyó con varios trabajos bajo la dirección – e incluso a veces el dictado directo – de algunos Adeptos de la Hermandad acerca de esta antigua ciencia oculta a la cual se ha dado el nombre de Teosofía (Sabiduría Divina). Fue también ante la sugerencia de estos Maestros que Madame Blavatsky y su asociado Henry Steele Olcott fundaron, junto a un reducido grupo de personas, la Sociedad Teosófica en Nueva York, en 1875. Los propósitos de tal sociedad fueron claramente delineados, el principal de ellos siendo “La formación de un núcleo para el establecimiento de la fraternidad humana sobre la Tierra”, como también la propagación de un conocimiento que hasta ese momento yacía oculto, pero que ahora se ofrecía a todos aquellos interesados en explorarlo. La mayor parte de esta dispensa oculta se encuentra contenida en los dos principales trabajos de Madame Blavatsky, “Isis Sin Velo” (publ. 1878) y “La Doctrina Secreta” (publ. 1888).

Como es de esperar, la existencia de la Hermandad Blanca ha sido puesta en duda en Occidente. Si en verdad existen tales seres, se nos dice, ¿cómo es posible que nadie los vea y que nunca se oiga hablar de ellos? Cierto es que el hecho de que no estemos conscientes de algo en modo alguno significa que ese algo no exista, pero aun así, la idea de un grupo de superhombres de maravillosos poderes y sabiduría existiendo en la Tierra pero no funcionando públicamente es algo que no va bien con la mentalidad occidental, pragmática y materialista. Es sin embargo perfectamente razonable suponer que la vida humana en el planeta no tendría mayor sentido si no fuese por la idea de que su objetivo principal es el proceso de aprendizaje y desarrollo de cada ser humano dentro del Plan Evolutivo. Esta premisa nos lleva a la importante cuestión del propósito de la vida que, de acuerdo a la Teosofía, no es otro que el logro total de la perfección humana a nivel individual y colectivo; es decir, que el ser humano, una vez aprendidas todas las lecciones que la vida física en el planeta le ofrece, queda finalmente libre de la necesidad de volver a encarnar.

Habiendo ya concluido este aprendizaje obligatorio, desarrollando a través del esfuerzo y el dolor toda la sabiduría, las virtudes, y los poderes que yacen latentes en él, se encuentra ahora en el umbral de la Divinidad, ya preparado para una vida de gloriosa inmortalidad, servicio y futuro desarrollo en etapas de existencia sobrehumana caracterizadas por el amor y la felicidad. Este estado identifica al Adepto, miembro de la Hermandad Blanca, y a él, se nos dice, todo ser humano ha de llegar. Algunos seres humanos ya han logrado tal meta, con ello dando lugar a la existencia de la Hermandad.

En lo que respecta al misterio que rodea una existencia que parece caracterizada por la reclusión y el anonimato, un Adepto le comentó en cierta ocasión al Sr. Sinnett acerca de las funestas consecuencias que tendrían lugar si la Jerarquía decidiera hacerse pública en nuestros días y en nuestro presente estado de desarrollo.

La historia está llena de ejemplos de lo ocurrido a aquellos que tuvieron el valor de emanciparse de lo ordinario para mostrar el camino de la luz a sus semejantes, como también de las persecuciones y torturas de que fueron víctimas, ¡precisamente a manos de los beneficiados! Hay además otras razones, entre ellas la estricta prohibición establecida por la Ley Cósmica en lo que se refiere a la intervención directa de Adeptos en asuntos humanos, lo cual ocurre solo bajo condiciones tan específicas como excepcionales. 

Naturalmente, los Miembros de la Jerarquía se adhieren estrictamente a los dictados de la Ley, respetando en este sentido no solo su solemne promesa, sino también la sabiduría inherente en las leyes universales que gobiernan su proceder. A todos nos llegará eventualmente el momento de tomar contacto con Adeptos, pero resulta inútil tratar de apresurar tal encuentro antes de que nuestro desarrollo individual haya logrado un determinado grado de avance.

Se nos dice que los poderes de un Adepto son tan estupendos como variados. Poseen telepatía, telequinesia, capacidad para levitarse y para materializar objetos solo mediante el poder de su mente; poseen además poder para curar enfermedades de todo tipo y para aparecer simultáneamente en dos lugares diferentes si las circunstancias lo requieren; su capacidad intelectual va más allá de todo lo concebible, añadiéndose a ello un grado de sabiduría sin parangón; tienen además la capacidad para moverse de manera consciente entre los planos físico, astral y mental cuando lo necesitan; la clarividencia y la clariaudiencia son normales en ellos y, poseyendo un cuerpo físico perfecto como resultado de la perfección de su doble Etérico y la ausencia de karma negativo, se encuentran liberados de los problemas inherentes en la vejez y las enfermedades. Aquellas personas que han tenido la oportunidad de verles e interactuar con ellos manifiestan invariablemente que se les ve perpetuamente jóvenes pese al paso de los años. Cuenta Madame Blavatsky que la primera vez que vio a su Maestro ella contaba 20 años de edad, pero que durante los siguientes 40 años de su vida siguió viéndolo exactamente igual: un hombre alto, de aspecto tan esplendoroso e imponente que inspiraba instantánea reverencia, y de una edad que ella calculó alrededor de los 35 años. Blavatsky afirma que tal es también el caso de otros adeptos con los cuales hubo de tomar contacto durante su trabajo oculto. El tiempo no parecía transcurrir para ellos, viéndoseles invariablemente jóvenes y vigorosos.

No se sabe con precisión la edad que puede alcanzar el cuerpo físico de un Adepto. Este es, al parecer, conocimiento iniciático aún fuera de nuestro alcance. Ciertas escuelas afirman sin embargo que tal longevidad alcanza los 700 años. A pesar de no existir pruebas para confirmar tal aseveración, el caso del llamado “Adepto Europeo”, conocido también como el Conde San Germán, tiende a confirmarla, ya que existe evidencia por parte de personas que le conocieron y que escribieron acerca de él hace más de 400 años, describiendo su fisonomía y carácter exactamente en los mismos términos en que lo hicieron otras personas que dicen haberle conocido 400 años después, a fines del siglo diecinueve.

Entre las razones ofrecidas para explicar la longevidad del cuerpo físico de un Adepto se esgrime el hecho de éste lo utiliza con muy poca frecuencia, su consciencia estando enfocada casi continuamente en el plano mental, que es el nivel desde el cual la Jerarquía principalmente guía el proceso evolutivo de la humanidad.
Muchos aspirantes al sendero oculto se preguntan a menudo por qué no les es dada la oportunidad de tomar contacto directo con los Maestros para así manifestarles su deseo de ponerse a su servicio en la gran Causa de la humanidad. La respuesta está dada en una de las cartas de un Adepto a uno de los teósofos originales, A.P. Sinnett: “No somos nosotros quienes estamos en situación de acercarnos a los aspirantes al discipulado; son los aspirantes quienes deben venir a nosotros…”.
Hay, por cierto razones perfectamente válidas para justificar tal posición. Los brazos de los Maestros están siempre abiertos para nosotros, pero somos nosotros quienes, al vivir una vida emancipada del comportamiento humano ordinario, caracterizada por el amor, la compasión y el servicio desinteresado al prójimo, nos hacemos candidatos al feliz encuentro. Si en efecto estamos interesados en vivir una vida superior a la existencia humana ordinaria, ello hará necesario un comportamiento y una forma de vivir que reflejen un estado mental y moral por sobre lo ordinario para así hacernos dignos del honor de encontrarnos en la sublime presencia de un Adepto. Cuando tal estado se alcanza, el contacto directo con Maestros de la Jerarquía Planetaria viene como el corolario natural de haber situado nuestra condición vibratoria en la misma frecuencia en que Ellos vibran. El recto vivir de aquel que busca más dar que recibir le pone en armonía con el magnetismo del Maestro, y, cuando menos lo espere, se encontrará de pronto en su bendita Presencia.

Se nos dice que los miembros de la Jerarquía están continuamente observando esa gran masa de seres que constituyen nuestra humanidad como si observaran puntos de luz en el firmamento. Aquellos puntos que destacan por su mayor brillo son las almas que se aproximan al final del sendero, y la atención de los Maestros se concentra en ellas para ayudarlas en su arribo al fin de una jornada invariablemente llena de pruebas y dificultades. A los que finalmente alcanzan la meta se les incorpora al trabajo de la Jerarquía. Cuando ello ocurre, el aspirante suele recibir inesperadamente una visita del Maestro porque se la ha ganado a través de su conducta, su espíritu de sacrificio y su dedicación a la Causa de la humanidad. Tal visita tiene por cierto un propósito más amplio que el de dar reconocimiento al aspirante, y ello es el darte instrucciones con respecto al trabajo oculto que se le encargará. Salvo lo anteriormente expuesto, tales visitas son extremadamente poco comunes.

Para lograr un mejoramiento en el magnetismo personal se requiere, como hemos dicho, un modo de vida recto en donde la introspección, la meditación, la auto-negación y los hábitos apropiados de dieta diaria (que debe excluir alcohol y carnes) tienen que formar parte integral en la vida de la persona.
No es necesario abundar en los beneficios que el contacto directo con un Adepto traerá al aspirante en lo que se refiere a su desarrollo espiritual. Completa lealtad y obediencia a las instrucciones e indicaciones del Maestro, harán su relación con El más estrecha y productiva. Confiriéndole perpetuidad. Porque es necesario consignar que las fuerzas del mal, conscientes de su progreso, desencadenarán sobre él todo su poder, obligándole a enfrentar toda suerte de tentaciones y dificultades en su empeño por hacerle caer. Del aspirante mismo dependerá entonces saber mantenerse a la altura que ha llegado, pero la ayuda del Maestro será también decisiva en su triunfo final.

De acuerdo a la Teosofía, el universo solar es réplica de un Universo Cósmico mucho más vasto. Consecuente con ello, se nos dice que la Hermandad Blanca – que apropiadamente podemos considerar como el Gobierno Interno del Mundo – es una réplica del Gobierno Espiritual del Universo Cósmico Septenario (Ver diagrama III). A este Gobierno se le conoce como “El Gran Trono Blanco” (ver Lección 12), su estructura reflejándose en la estructura de la hermandad Blanca.

El gobierno interno del mundo tiene siete “departamentos” o campos de actividad. Vemos lo razonable de esta estructura al menos en teoría. Si aceptamos que el propósito de la vida y la forma es el de progresar hacia una meta de perfección, resultará posible pensar en la vida como una escala que se extiende infinitamente tanto más allá de la etapa humana como antes de ésta, siendo el ser humano, por consiguiente, una especia de punto medio en este esquema de progreso. Como es lógico suponer, el proceso evolutivo ha tenido lugar durante eones y, a través de las edades, mucho seres humanos han trascendido el punto de avance en que nos encontramos ahora.

Habiendo completado su proceso evolutivo humano, los miembros de la Hermandad Blanca tiene ahora otra meta fundamental: la de servir a Aquél que es representante en este planeta del Rey y Señor del universo. Así como poderosos arcángeles llevan a cabo la septenaria labor del Logos (véase lección 12) en el esquema mayor, nuestros Hermanos Mayores llevan a cabo similar labor en el planeta a nombre de uno de aquellos poderosos Seres, a quién daremos el nombre de Logos Planetario o Señor de nuestro mundo.  La Biblia se refiere a ellos como “La Comunión de los Santos”, y su labor comprende las múltiples actividades que caracterizan la vida planetaria a objeto de guiarla de acuerdo al Plan Divino.

Es entonces apropiado afirmar que la Hermandad Blanca o Jerarquía Planetaria, representa y recapitula en la Tierra la Jerarquía Espiritual de los mundos celestiales. Una vez más nos es dado observar como lo celestial se refleja en lo terreno de acuerdo al antiguo axioma Hermético: “Como es arriba, así es abajo”. Incluso la organización – si se nos permite usar tal término – de la Jerarquía, sigue el plan divino no solo en lo que se refiere a sus actividades sino también a su estructura. Hela aquí:

El primer lugar está el Rey, Aquél que representa al Logos Solar y su Presencia en nuestro planeta (la Palabra de Dios). Inmediatamente después de él vienen Tres que representan los tres aspectos de la Santísima Trinidad para manifestarla en la Tierra.

Se nos dice que estos cuatro magníficos Seres no son producto de nuestra evolución, pero que en épocas muy remotas vinieron a la Tierra a objeto de guiar la evolución de nuestra raza humana hasta que ésta fuese capaz de producir aquellos capaces de reemplazarles. A estos grandes Seres se les conoce con nombre de Budas Prateka y proceden del planeta Venus, en donde una raza humana anterior a la nuestra completó su evolución. Inmediatamente después de Ellos encontramos a Aquél que representa la más elevada expresión evolutiva de nuestra humanidad y que viviera su última encarnación como el Príncipe Siddarta Gautama, conocido para la mayoría como el Señor Buda. Se nos dice que no está lejano el momento en que le será confiada la tarea del Rey (probablemente algunos centenares de años en el futuro). Cuando esto ocurra, los budas Prateka se retirarán de nuestro mundo con destino a otros mundos en donde Su Presencia sea similarmente requerida. A partir de ese momento, nuestra evolución quedará bajo la tutela de Seres que han procedido de la misma.

Bajo éstos encontramos (en el nivel conocido como 7ª. Iniciación Mayor) a tres elevados Seres a quienes se conocen como, a) El Señor Maitreya, quién ocupa el cargo denominado “Bodhisattva de la Raza”, para los cristianos conocido como El Cristo; b) el Señor Vaivasvata, que ocupa el cargo de “Manu” o Padre de la Raza de nuestro actual período evolucionario llamado Ario; y, c) El Señor Mahachohan, a quien se considera como el Jefe directo de la Hermandad.

A nivel de 6ª. Iniciación encontramos siete adeptos que ostentan el título de “Chohan”, cada uno de ellos encabezando un Rayo o campo de actividad de acuerdo con el Plan del Logos en la estructura jerárquica (véase Diagrama 2 y Anexo 1).

Es necesario establecer que dentro de esta estructura existen varios otros Maestros no mencionados en los diagramas adjuntos debido a varias razones, entre ellas la escasa cantidad de información disponible acerca de Ellos, que probablemente obedece a su expreso deseo de permanecer en el anonimato. Se nos dice que el número de Maestros que integran la Hermandad Blanca es aproximadamente sesenta y cinco.

Para concluir esta lección, nada mejor que reproducir un párrafo del libro “Los Maestros”, de Annie Besant: “Ellos (los maestros) ayudan de varias maneras el progreso de la humanidad. Desde la más alta esfera entregan su luz y vida al mundo entero, para que ambas sean asimiladas como el calor del sol por todos aquellos que estén en situación de recibirlas. Así como el mundo físico vive gracias a la vida del Logos reflejada por el sol, el mundo espiritual vive bajo el mismo impulso reflejado por la Jerarquía Oculta. Los Maestros conectados con las religiones utilizan estas como depósitos en los cuales vierten su energía espiritual, para así distribuirla entre los fieles mediante la “gracia”.

Está además el gran trabajo intelectual mediante el cual los Maestros envían poderosas formas de pensamiento para ser captadas por hombres de genio y entregadas al mundo por su intermedio. También en el nivel intelectual envían mensajes a sus discípulos para indicarles las tareas a las cuales deben abocarse. A continuación viene el trabajo en el mundo mental concreto, la generación de formas de pensamiento que influencian la mente concreta guiándole hacia lo útil en las actividades del mundo, como también la enseñanza a aquellos que, habiendo desencarnado, se encuentran en los mundos superiores. También hay que considerar la gran actividad que llevan a cabo en los mundos intermedios, el auxilio que prestan a los llamados “muertos”, la dirección y supervisión general de la enseñanza que se da a los discípulos más jóvenes y la gran cantidad de ayuda que prestan en innumerables casos de desgracia o necesidad. Observan en el mundo físico la tendencia general de los acontecimientos, corrigiendo y neutralizando, hasta donde la Ley lo permita, las corrientes malignas y manteniendo el equilibrio continuado de las fuerzas que obran a favor y en contra de la evolución, el fortalecimiento del bien y el debilitamiento del mal”.





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