martes, 3 de julio de 2012

La Alegria de Vivir de Orison Swett Marden


LIBRO, LA ALEGRÍA DE VIVIR


ORISON SWETT MARDEN (1850 - 1924)

En 1915 indicó:


 v  En los muros del tiempo trabajamos todos como arquitectos de nuestro propio destino. Que cada ocasión sea una gran ocasión, porque no sabéis cuándo el destino os favorecerá.

v  El éxito no se mide por lo que lograste, sino por la oposición que has encontrado, y la valentía con la que has mantenido la lucha ante las circunstancias.


v  En todo ser humano hay un león dormido. Se tienen muchas fuerzas que permanecen latentes hasta que la ocasión las despierta y aviva. ¡Cuántas veces una escena, una lectura una palabra remueve el fondo del alma y hace brotar de ella inspiraciones misteriosas! En cuanto advierte el hombre que la verdadera dicha no está en los goces terrenos y que su ideal ha de ser la perfección de su naturaleza divina, se siente que en el interior late una fuerza antes ignorada.

v  Cada uno no es lo que ha conseguido ser, sino lo que aún es capaz de conseguir.

v  El hombre sólo ha vislumbrado hasta ahora un mínimo sector del divino plan. Los anhelos de una vida más amplia, más noble y eficaz laten poderosos bajo la realidad de la mezquina y estrecha vida en que nos hallamos y es deber nuestro elevarnos a mayor altura moral.

v  El imán mental no puede atraer cualidades opuestas. Construimos según pensamos. Nuestra conducta es consecuencia de nuestros pensamientos. "Dime en qué piensas y te diré lo que eres".

v  Mientras no estimuléis vuestras aspiraciones y creáis en vuestro poder de realizarlas nunca las satisfaréis.

v  El límite de vuestro pensamiento será el de vuestras posibilidades.

v  Si nos convencemos que cada uno tiene su lugar señalado y su labor asignada en el divino plan del universo, conseguiremos satisfacer muchos anhelos. El éxito es proporcional a la perseverancia y la firmeza del propósito. Únicamente vence el que sin desmayo persevera.

v  No saben ser dichosos con lo que son, porque siempre están esforzándose por lo que no son.

v  La economía consiste en saber gastar y el ahorro en saber guardar.

v  El desaliento huye ante la consciente idea que somos hijos de Dios y copartícipes de su naturaleza.

v  Solo fracasamos cuando perdemos nuestra fe en la seguridad del éxito.

v  Quien no tiene confianza en sí mismo tampoco puede inspirarla a los demás.

v  Cada uno tiene su misión que cumplir en este mundo.

v  El mejor servicio que podemos prestar al prójimo es ayudarle a conocerse a sí mismo y fortalecer su fe de modo que logre sus legítimas aspiraciones.

v  Cuando un hombre siente que por dentro le palpita el poder de hacer todo lo que se propone, y posiblemente puede hacerse, eso es felicidad, eso es éxito.

v  Cuando el hombre vislumbra el enorme potencial de energía interior, ya no vuelve a ser esclavo de la duda.

v  Nuestro organismo aunque no lo parezca, no es ni más ni menos que la plasmación carnal de nuestros pensamientos, siendo la salud la perpetua realidad y la enfermedad ausencia de armonía.

v  La primera condición para el restablecimiento de la salud es que el enfermo quiera curarse y crea que se va a curar con el tratamiento a que se somete. La esperanza de alivio es ya de por eficacísima medicina.

v  Los experimentos efectuados en los laboratorios de psicofísica demuestran que todas las células son sensibles a las influencias mentales que del cerebro les llegan y por lo tanto capaces de estímulo o desaliento según la índole positiva o negativa de la influencia mental.

v  La mayor parte se va de este mundo sin descubrir las especiales dotes encerradas en su interior, sin descifrar el sellado mensaje que Dios puso en su mano en el momento de nacer. El conocimiento de mismo equivale a encontrar a Dios en nosotros y nos relaciona con el infinito Poder que gobierna el universo. Solo el interesado podrá descubrirlas. No hay límites para las actitudes mental y espiritual del hombre.

v  Todos los que han logrado grandes resultados eran grandes soñadores.

v  El pensamiento es una energía capaz de infinitas modalidades, grados, matices, magnitudes y direcciones; pero siempre con la invariable propiedad de acrecentarse a mismo durante el camino recorrido en su actuación. El odio engendra más odio y el temor más temor; de la propia suerte que, por fortuna, el amor, la compasión, la dicha y demás emociones placenteras engendran otras idénticas o sea que a mismas se acrecientan.

v  Solo producimos aquello en que concentramos todas nuestras potencias y sentidos, aquello en que de continuo pensamos. Si queremos gozar de la abundancia, hemos de hablar de abundancia y libertad. Mientras no lo pidamos con fe y perseverancia, no esperemos recibirlo.

v  La sonrisa es una verdadera fuerza vital, la única capaz de mover lo inconmovible.

v  Estamos en el mundo para descubrir nuestra naturaleza superior.



v  El hombre se convierte en lo que piensa. Para ayudaros a vosotros mismos es preciso tener una meta y acercarse a ella, contemplando ese ideal día tras día hasta fijarlo en la Mente. Habéis nacido para vencer.









                                              

No hay comentarios:

Publicar un comentario