martes, 28 de enero de 2014

CONCIENCIA E INTUICIÓN de James A. Long


Pregunta — He estado tratando de reconciliar la idea de que para conocer algo realmente, uno tiene que experimentarlo, incluyendo el problema del Bien y del Mal. Ninguno de nosotros pasa por la vida sin cometer errores, y la experiencia sí parece aleccionarnos más rápidamente que cualquier otra cosa. Mi pregunta es ésta: ¿por qué no seguir haciendo toda clase de cosas a fin de agotar la experiencia?

Comentario — Usted quiere decir, ¿simplemente desatender los principios de lo bueno y lo malo, y dar rienda suelta a cada impulso para ganar experiencia? Usted se sorprendería de saber cuántas personas sinceras llegan a tener tal actitud, especialmente en los campos de investigación que se pueden llamar "ocultos." Pero es un concepto erróneo, y contrario a todos los instintos decentes del hombre. Mientras que es verdad que las normas generales del Bien y del Mal varían frecuentemente de acuerdo con las costumbres y condiciones de pueblos diferentes; los principios milenarios de la moralidad siempre han existido y hoy día permanecen como el fundamento del progreso. Si viviéramos sólo una vida en la Tierra, posiblemente habría alguna justificación para tal actitud. Pero cuando consideramos la perspectiva más amplia del peregrinaje del alma a través de una serie de vidas, nos damos cuenta de que tal forma de lógica podría conducir fácilmente a expresiones de conducta que están opuestas al propósito de la evolución.

Desde hace edades todos hemos estado ejerciendo nuestro libre albedrío y por lo tanto hemos puesto en marcha toda clase de causas, algunas de las cuales hemos ya encontrado como efectos, y otras más hemos de encontrar todavía. En cualquier vida particular seremos enfrentados con los tipos de oportunidades que necesitamos para formar nuestro carácter, de modo que no tenemos que apresurarnos a buscar experiencias para que se desenvuelva el alma. Nunca tenemos que crear una situación para experimentarla, nunca. Las leyes internas estarían funcionando al revés de lo normal, si éste fuera el caso. Todo el mundo sabe, por su naturaleza, la diferencia entre el Bien y el Mal, entre el seguir un impulso bueno y otro malo. Sin embargo, porque todavía somos muy imperfectos, nuestra parte humana tiende a justificar nuestros actos cuando nos desviamos de la base sana de la ética.

En tiempos antiguos nuestros antepasados no encontraron dificultad en distinguir entre lo que era bueno y por consiguiente de Dios, como decían, y lo que era malo, por tanto del Diablo. En cierto sentido hubo en su actitud una sana austeridad, la cual muy bien nosotros podríamos emular en principio, pues ella no tolera ninguna componenda con lo que uno sabía que era malo.

Hoy día, sin embargo, a causa del impacto de las relaciones mundiales y de la participación más consciente con los sufrimientos de otros, hemos llegado a saber que el Bien y el Mal, mientras que son distintos y separados como productos de un fin, sin embargo se mezclan tan gradualmente el uno con el otro, que a veces nos es difícil decir dónde termina el Mal y dónde empieza el Bien; dónde termina la falsedad y dónde comienza la verdad; dónde el color blanco sigue siendo blanco, y no un gris lúgubre. Nuestra visión de los asuntos básicos ha llegado a ser borrosa, porque parecemos incapaces de fijar una línea divisoria entre lo que es bueno y lo que es malo. Por alguna razón el ancho puente de principios rectos parece haberse estrechado tanto que el hombre casi ha perdido la firmeza de su pie.

Con mucha frecuencia participamos de una manera ignorante en situaciones sin reconocimiento alguno de que hacemos mal. Sólo más tarde, cuando nos hallamos en apuros, comenzamos a reconocer que actuamos injustamente, o al menos con imprudencia. Después, si nos enfrentamos otra vez con una situación parecida podemos sacar provecho de nuestra experiencia anterior y actuar con algo más de sabiduría o podemos sucumbir a la tendencia de actuar como hicimos antes, aunque sabemos que no debemos hacerlo. Si actuamos así, entonces la voz de nuestra conciencia se despertará y dirá: "No, esto es malo." Si no prestamos oídos a ella, y a todas luces sucumbimos, allí es donde principia la batalla.

Pregunta — ¿Quiere usted decir que la conciencia de uno no funcionará si ya no hubiera experimentado una situación anteriormente?

Comentario — No puede nuestra conciencia darnos una señal de advertencia si no hubiéramos experimentado en el pasado algo que nos hiciera sufrir y por consiguiente deja una impresión de peligro en el alma, lo cual ésta trata ahora de recordar a nuestra consciencia despierta. Pero he aquí la dificultad: es verdad que el alma está obligada a aprender todas las lecciones que esta Tierra tiene para enseñar, pero eso no quiere decir que debemos deliberadamente seguir los impulsos del yo inferior material para evolucionar. Seguir tal procedimiento sería ignorar no sólo a la voz de la conciencia, sino también a la chispa divina que está tratando tan fuertemente de despertar nuestras intuiciones espirituales.

Pregunta — Podría ser que hubiera circunstancias en que nosotros tuviéramos que pasar por toda clase de cosas para aprender de ellas muy poco. Si cometiéramos un error serio, ¿no tendríamos tarde o temprano que reconocerlo como tal, antes de que recibiéramos cualquier reacción consciente?

Comentario — Si usted no aprendió la lección, su conciencia no estaría en condiciones de advertirle. Hasta que no ganemos el conocimiento y la comprensión que una experiencia exige, no aprenderemos en realidad, ni tendremos el beneficio de la guía de una reacción consciente, como usted lo llama. El simple pasar estúpidamente por una experiencia, no ayuda mucho. Tenemos que reaccionar con alguna clase de reconocimiento de lo que es bueno y de lo que es malo; pero eso no quiere decir que debemos buscar las experiencias simplemente para que nuestra conciencia nos diga en el futuro lo que no debemos hacer.

Tenemos una área extensa en donde ejercer nuestra iniciativa en los asuntos naturales que nos presenta la vida. En el alma de cada uno de nosotros hay un vasto depósito de experiencias positivas y negativas que han creado una poderosa tendencia para actuar de acuerdo con ellas; pero que pueden, en el futuro, tornarse solamente positivas si las manejamos correctamente. Es lo que hacemos ahora con esa carga de responsabilidad lo que creará, o dejará de crear, una voz de conciencia más fuerte; o, si se quiere, un vínculo más fuerte con nuestro Yo Superior. Aprendemos cuando hemos sufrido mucho; tanto es así que queremos cambiar el curso de nuestro pensar, y no seguir de la misma manera, como antes.

Pregunta — ¿Tenemos que experimentar la misma cosa que hicimos a otro? ¿Si mato a un hombre, tengo que ser matado para darme cuenta de que hice mal y de que no debo matar?

Comentario — Me alegro de que usted haya presentado eso. Es verdad que no podemos hacer a otro una cosa negativa sin que ésta no reaccione sobre nosotros. Pero eso no quiere decir que siempre opere la vieja ley Mosaica de "ojo por ojo y diente por diente," de un modo literal. El intento original de esa máxima es sano y básicamente es verdad, pero no tenemos que sufrir una reproducción idéntica de una experiencia. En otras palabras, es posible que no tendremos que dejarnos sacar un ojo si nosotros sacamos un ojo a otro, pero será nuestra la calidad de la experiencia de haber perdido un ojo. ¿Comprende usted la distinción?

Usted mata a "X" persona, digamos, en estado de cólera o con intento de maldad. Esto no indica que "X" persona está obligada a matarle a usted en alguna vida por venir. Sin embargo, usted tendrá que sufrir la calidad de agonía que usted le causó a ella cuando voluntariamente tomó la vida de ésta. Puede usted ahora, o en una próxima vida, perder la vida por accidente o por un acto deliberado de alguien, pero no sería necesariamente "X" persona que lo efectuaría; puede ser hasta algo muy impersonal, como por ejemplo, una teja que le cayera en la cabeza. Si es usted sincero y de veras deplora su acto, entonces cuando le alcance ese efecto, sentirá la reacción de la causa original, pero no necesariamente en forma física. Se mantiene en absoluto el principio de causa y efecto; pero puede su expresión cambiar del plano físico al mental o a otros planos de conciencia. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene que encontrar la plena reacción de nuestra maldad al pasar por la calidad de sufrimientos que les causemos a otros. Todos sabemos que puede ser el dolor mental y sicológico más severo aún que el dolor físico; es posible también que la reacción de una transgresión anterior sea absuelta en un momento de intenso sufrimiento o en un instante de reconocimiento, que raramente es físico. Una vez experimentada de lleno la calidad del error pasado, la huella en la conciencia sería tan honda que la voz de ésta casi le gritaría si usted otra vez se encontrara en una situación semejante.

Pregunta — ¿Están aquéllos que deliberadamente buscan experiencias, aun cuando saben que están haciendo mal, iniciando una cadena de reacción que tarde o temprano redundará en ellos en forma de sufrimiento?

Comentario — Los que eligen deliberadamente perpetrar el Mal lo saben perfectamente. Cuando tratan con desprecio las advertencias de su conciencia están comprometiendo sus propias almas y haciendo una especie de karma totalmente distinto del que hace el que participa ignorantemente en la maldad. Aquéllos, con el tiempo, sufrirán horriblemente en su realización. El campo de las tentaciones sutiles se extiende de las simples mentiras blancas al asesinato, incluso todo tipo de gratificación.

Pregunta — ¿Pero no es bastante delicado tratar de juzgar a cualquier persona? ¿Cómo es posible averiguar qué motivaba sus acciones, y cuál era de veras el impulso que las originaba?

Comentario — Sin duda alguna, no debemos juzgar el motivo de otra persona, ni podemos evaluar su progreso por medio de nuestras normas. De aquí es donde procede todo nuestro dolor y angustia. Tendríamos que estar en su lugar antes de poder recorrer el sendero de otro. Pero sí tenemos la responsabilidad de diferenciar entre la acción buena y la mala; y es muy posible percibir el grado de la calidad del pensamiento que impulsa un acto. Mas no podemos saber el motivo interior de otros, especialmente de uno a quien, a causa de su fuerte anhelo, se habrá acarreado grandes obstáculos externos, los cuales él encuentra difícil de vencer. Recuerde usted la advertencia del antiguo sabio: "No huya del manto del mendigo, para que no le caiga sobre sus hombros"; la enseñanza de esto es que todos tenemos karma que resolver ahora y en el porvenir, y nunca podemos decir cuándo la rueda de la vida nos colocará debajo en vez de encima, o al revés.

Nos desarrollamos lentamente y la vida es tal, que atraemos lo que necesitamos, no siempre lo que queremos, todo lo cual se añade al tesoro de nuestro yo permanente. Somos individualidades muy antiguas, y nuestra experiencia se acumula mientras avanzamos; la ley de atracción y de repulsión opera con tal exactitud, con tal fineza y perfección, que la calidad de pensamientos y sentimientos que tenemos en cualquier curso de una vida nos traerá en el porvenir exactamente lo que el ego reencarnante necesita para perfeccionar y extender su avance hacia la escala evolutiva.

Simplemente expresado, cuando seguimos una línea de conducta que no es correcta ni está al nivel de nuestra propia norma interior, estamos retrocediendo cien veces, si nos engañamos con la idea de que "necesitamos la experiencia" para progresar. Aprendemos cuando fallamos, sí; y la experiencia del dolor da a la conciencia sabiduría y sensibilidad. Pero debemos terminar con el descenso continuo a la materialidad y ascender con el ciclo del progreso hacia la espiritualidad.

Pregunta — ¿Si nos desarrollamos por medio del sufrimiento, no tendríamos todos que pasar por tiempos muy difíciles, si queremos en la vida cambiar la creencia por el conocimiento?

Comentario — La oportunidad de transformar la creencia en el conocimiento no necesariamente tiene que ser a través del sufrimiento, sino que puede ello ser algo maravilloso. Tener la correcta actitud hacia todo lo que nos venga es maravilloso. Es por eso que yo sigo trabajando asiduamente con la idea de que no hay buen karma o mal karma; todo Karma ofrece oportunidad para la expansión del alma. Lo que hoy pudiéramos concebir como un karma espantoso, a otra persona le puede parecer justamente lo opuesto, porque esa persona tiene la correcta actitud interior, y ve los acontecimientos de su vida en perspectiva y por lo tanto los entiende.

Esto está contenido en la declaración de Krishna en el Bhagavad-Gita: "Y aun aquéllos que adoran otros dioses con una fe firme, al hacerlo, involuntariamente me adoran a mí también, aunque en ignorancia." Eso no quiere decir que todo el mundo tiene que aceptar a Krishna como Dios. Lo que quiere decir es que al fin, todos encontraremos la Verdad, la Verdad universal real. Si somos sinceros atraeremos, en alguna época de la vida, la oportunidad de confirmar o negar nuestra creencia, y por consiguiente llegar más cerca a la Verdad que es Una: Krishna, Buda, Alá, o cualquier término que sea apropiado. Entonces la creencia habrá llegado a ser conocimiento.

Pregunta — ¿No tendría esta clase de pensamiento y de actuación dos objetivos? Primero, ¿el de atraer las experiencias de las correctas cualidades; y segundo, el fortalecer nuestra habilidad de actuar de acuerdo con lo que sabemos, y no sólo con lo que creemos? En otras palabras, en vez de gatear empezamos verdaderamente a andar.

Comentario — Sí, de caminar más firmemente, más seguramente en el verdadero sendero, porque estamos utilizando lo que la vida nos ha dado a comprender. Caminando así atraemos más potentemente aquello que nos ayuda a extender nuestras creencias y con el tiempo transformarlas en conocimiento, todo lo cual dejará su huella en nuestro carácter. Pero tenga en cuenta siempre la coloración básica que da a nuestras aspiraciones el motivo: si estamos aprendiendo y buscando la Verdad sólo para nosotros, eso es una cosa; pero si perseguimos aquella búsqueda con el fin de ser dignos miembros de la raza humana y por tanto capaces de repartir por medio del ejemplo, y no sólo por el precepto, entonces encontraremos "el conocimiento surgiendo espontáneamente" dentro de nosotros mismos.

Pregunta — Entre más se piensa en esto, más difícil es analizar dónde termina la creencia y dónde empieza el conocimiento. ¿Posiblemente lo que pensamos ser meras creencias puedan realmente ser conocimientos recordados?

Comentario — Exactamente, y usted se acordará cómo en sus Diálogos, Platón habla del recuerdo del alma o sea el recordar el alma su conocimiento anterior; la idea de Platón de la "reminiscencia," es el recordar el conocimiento superior que ha sido acumulado en el carácter durante vidas anteriores. Es importante estar alerta a este proceso. Es posible que sus experiencias no le darán a usted la oportunidad de confirmar sus creencias antes de la muerte; pero nada está perdido, porque usted automáticamente atraerá así las mismas condiciones y relaciones que extenderán su conocimiento actual.

Por ejemplo, ¿qué le motivó a usted en esta vida a buscar las soluciones? Tal vez fue un artículo que activó un rumbo de pensamiento totalmente nuevo; o usted se puso en contacto con un individuo quien sin esfuerzo consciente cambió su destino; o algún acontecimiento revelador se habrá conectado con su fuerza latente. Así, en el porvenir, cualquiera que sea la causa externa, gradualmente el Karma quebrará la cáscara de la inercia y le dará más y más oportunidades de alcanzar su conocimiento innato. Ninguno de nosotros llega a la madurez en un momento dado, y no me refiero sólo a la madurez física; me refiero a aquel momento de esta vida en que nos damos cuenta del pasado, y empezamos a tornarnos aliados más conscientes de nuestro verdadero yo. Esta atracción llega naturalmente, de manera que lo que somos se nos ha revelado, y entonces no sólo somos más sensibles a los gritos de la conciencia, sino que nuestra intuición, un aspecto de nuestro Yo Superior, se da a conocer innegablemente.

El conocimiento que usted trajo consigo penetrará finalmente en la consciencia del cerebro-mente. Si está allí el conocimiento y si ha abierto nuestro anhelo la puerta a éste, siempre que no nos engañemos por la ambición de saber más y más por nuestros procesos mentales solamente, entonces la intuición, la voz de nuestra conciencia superior, actuará como un instrumento operante, junto con la voz de la conciencia. Ahora bien, nuestra conciencia nunca nos dice lo que debemos hacer, a pesar de que el demonio de Sócrates le dijo a él qué hacer. La función de la conciencia es la de advertirnos cuando pasamos al otro lado de esa línea frágil del pensamiento recto y el acto honrado. Nuestra intuición no nos habla con más frecuencia porque nosotros, en nuestra ansiedad de reunir datos del cerebro-mente, sencillamente no le damos la oportunidad. Sin embargo, esta intuición no fallará en darnos una guía cuando le permitamos tener un predominio más vigoroso en nuestras vidas.

No hay nada fantástico en ello, pues cuando tenemos enfocada nuestra conciencia en la dirección correcta, con la calidad correcta de pensamiento, alcanzamos aquella vislumbre de la eternidad que permite al alma seguir su pauta natural de desenvolvimiento. Entonces, según la línea de reconocimiento entre la creencia y el conocimiento llega a ser siempre más distinta, y nuestra habilidad discernidora más clara; es muy posible que atrajéramos justamente la clase de experiencia que nos impelerá a comprometernos, total y enteramente, al beneficio de los demás.

libro Extensión de Horizontes de James A. Long


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